viernes, 17 de septiembre de 2021

...Au REVOIR, les ENFANTS...

...cuando llegue septiembre todo será maravilloso... Eso decía una canción de aquellos años 60, por ejemplo en la voz de la cantante granadina Gelu...Cuando llega septiembre, las pedagogías retoman curso, unos de grado, otros a la fuerza, no hay elección, hablo de alumnos y maestros. Ahora que tiempo ha ya vivo en una vacación permanente, recuerdo aquellos fines de verano cuando al fin, bien aprovechada la vacación, se aproximaba la hora de volver al trabajo...¿trabajo? bueno, sí, era una labor, estaba sujeta a unas normas, había que cumplir unos horarios, unas obligaciones, todo eso, pero en mi interior septiembre suponía un descanso de las vacaciones vividas a tope, exprimidas hasta la última gota. Así, en mi caso, se armonizaban la obligación con la devoción y más que feliz volvía a mis pedagogías...Más de una vez confesé que la escuela era para mí una vacación por la que me pagaban. Septiembre, con el regreso a mis lugares de maestro, a la gente que los habitaba, a la casa que me aguardaba, suponía un retomar calmas y asuetos, recuperar costumbres aparcadas, volver a mis comidicas, los libros, los trabajos aparcados en junio...un tiempo realmente apetecible...y por supuesto al vivificador día día con con los infantes, educandos, escolares...los niños 

Esta es mi primera foto de maestro. Era el curso 1975/76, colegio Juan XXIII, en el barrio del Zaidín, en Granada. El que tenía que ser mi año de prácticas devino, por circunstancias, en mi verdadero primer año de maestro. El grupo lo formaban 40 niños de 2º de E.G.B. Estos tiernos infantes de entonces rondan hoy los 53 años...Fueron un impacto para mí. Servidor, que por entonces no sabía lo que quería ser de mayor, si es que quería ser algo, desde que entró por la puerta y los niños le dijeron "maestro" comprendió que aquello era lo suyo...que la escuela era lo mío. Me parecía increíble sentirme tan solicitado y tan querido, y hasta podía mandar y que me hicieran caso. Fue un revulsivo para mí, un salir a la luz después de unos años bien oscuros de mi vida...    ...Aquel año viví para la escuela, era como mi aire...con decir que desde el viernes no veía la hora de que llegara el lunes para ver y estar de nuevo con los niños está dicho todo. Pasaba los fines de semana haciendo tareas varias, en las que incluso involucraba a mis padres. Niño, ¿todos los maestros hacen esto?, venía a decir mi padre...

...y esta de abajo es la última, en enero de 2015, ya más serena mi pasión. No con pena, digamos que con la justa nostalgia (sin demasiado tiempo para ello porque  me urgía el tiempo que venía) decía adiós a estos alumnos de la escuela unitaria de La Dama, en La Gomera, una despedida que suponía mi adiós a los niños, a la escuela, cerrando un jugoso tiempo de mi vida...tenía gana de partir, echar el cierre y empezar a aprovechar las energías que aún me quedaban para empresas de cierto abasto...había pedido una excedencia que ya años después se unió a la jubilación (octubre 2019)...  



Colegio Juan XXIII un año después, en las mismas escaleras, ya maestro contratado, cuarenta niños...ay, Señor, darles de leer todos los días...Recuerdo como corrían hacía mí cuando llegaba cada día con la vespa. Guardo cantidad de recuerdos de ellos...vgr, esta carta de Gerardo, el niño que está a la derecha del que hace el saludo militar... 

día 6 de febrero de 1978
Querido maestro le escribo para contarle muchas cosas, puesto que hace mucho que no le he escrito. Ayer estando en la casa de mi tito Pepe mi primo me tiró un coche chico de hierro y me dio en el ojo y hoy lo tengo inchado. En el colegio estoy bien y ya saco algunas notas megores y Rubén también. Recuerdos de Gerardo. 


...mis alumnos del Barrio de Monachil, curso 1977/78, primer año de funcionario tras sacar las oposiciones. Un grupo de niños de primero de E.G.B. del que guardo una carpeta repleta de anécdotas que algún día debería desempolvar...Entonces había escuela por la mañana y por la tarde y los niños se iban turnando para llevarlos en la moto, uno delante y otro atrás. (la de cosas que hacíamos, hoy ya prohibidas)...

...Y de aquí, ya empezando mi peregrinar, a Pampaneira, en la  Alpujarra, curso 1978/79, la primera de las veces que usé la escuela para ir donde estaba deseando... 

...y Antonio, el niño que sonríe en la fila de abajo, con el que me encontré hace unos meses...

...y siguiendo la ruta, curso 1979/80, llegué a la escuela unitaria de Prado Llano, 
en la estación de esquí de Sierra Nevada, niños de 1º a 5º de E.G.B. Muy interesante y original año aquel en que, de acuerdo con los padres, cambiábamos el horario en función de las ganas de esquiar de los niños. Me regalaron todo el equipo y ahí me lancé a un deporte que como novedad estuvo bien...Cometí algunas temeridades al lanzarme con las dos alumnas mayores por pistas complejas...lo dicho en alguna ocasión: gran labor del Ángel de la Guarda...    

 

...y de Sierra Nevada a Tenerife, ya con destino definitivo, propietario de la plaza. A veces me han preguntado los motivos de haber dado el salto a las islas, esperando que dé la manida respuesta de "por amol"...por amor, sí, a la montaña: subir al Teide resumía los motivos de haber pedido Tenerife. Ignoraba el juego que me daría aquella tierra...Aquí estoy con mis alumnos de 5º en el jardín botánico del Puerto de la Cruz... 

...y tras dos años y por los mismos motivos, digamos,   montañeros, naturales, salté a los Pirineos de Huesca, de 1982 a 1985, a la escuela de Hoz de Jaca,  tres años de vacaciones, viviendo aquellas montañas, disfrutando el esplendor de las estaciones, acogido por aquella buena gente con la que sigo en fecundo contacto...



...el gran detalle que tuvo mi alumnos Carlos: yo estaba con una pierna escayolada, había nevado mucho, bajó a mi casa un rato antes de que fuera la hora de la escuela y me abrió camino con la pala... y todos alrededor de la estufa...
 

 

Los Pirineos me daban para toda una vida pero había que seguir camino, seguir una ruta precisa aunque no estuviera marcada, y así, di un nuevo salto en el mapa y llegué a Hornos de Segura, a rendir culto a aquellas sierras de Segura, Cazorla y las Villas...y estar por un tiempo un poco más cerca de mi familia... 

...aquel marchoso grupo sigue vivo merced al wasap en un grupo que ellos mismos tan titulado nuestro maestro, y tiene como estado este retrato:
...la foto a continuación fue la de la despedida, en octubre de 1988, momento en que solicité mi primera excedencia, estaba muy a gusto pero era la hora de partir...este retrato me abrió muchas puertas, me evitó dar explicaciones en aquel viaje en bici en torno al Mediterráneo, especialmente en los países del norte de África donde vino a ser como un pasaporte al corazón!...

...Vuelvo a Hornos de vez en cuando y aquí estamos más de 30 años después...la única niña que tenía gafas entonces es hoy la flamante maestra, y directora, del colegio, muy cambiado, donde fue alumna...Rosario.




Aprovecho este descanso en mi peregrinar pedagógico para recordar 
a los que fueron mis maestros, allí en La Zubia, desde mi primer templo del saber, las monjas, pasando por don Bartolomé, un maestro bondadoso de calva franciscana que recuerdo cómo una vez se quitó la correa y estirándola con las manos nos explicaba que daba igual en la posición que la pusiera siempre era recta; don Joaquín, en la placeta del Pilar, al que recuerdo ver cómo llenaba los tinteros de los pupitres con un botellón de tinta y que me dijo aquello de Molina molinón eres un melón...y don José, en la plaza de san Pedro, de donde partí camino de las disciplinas del Seminario cuando aun no había cumplido los nueve años...valga en homenaje a todos esta foto con mi maestra Encarnita, en las citadas monjas, maestra a la que visité casi 60 años después...

...pero no confundamos, trabajé mucho... pero poco, quiero decir que me dediqué mucho a la escuela pero poco tiempo, poco tiempo teniendo en cuenta lo que lo hacían, hacen, normalmente los maestros. Mi vida laboral no llega a 26 años. Que los niños me gustaban, no cabía duda (no tanto como para tenerlos propios, vamos), que la escuela la vivía con pasión, lo mismo, que vivir en los pueblos que estuve suponía tener mi casa, mi espacio, mi lugar...todo eso, y más, conformaba mi vida escolar, pero junto a ella llevaba una vida de intensos viajes que fui alternando con las pedagogías...Así, pasé en excedencia hasta un total de 16 años, repartidos en cuatro tomas, ...mi sueldo me daba lo suficiente habida cuenta de las pocos gastos que mi vida generaba unido a la sobriedad, a veces espartana, en que desarrollaba mis periplos (algo que ya voy superando... )
Por gusto, que no por cansancio de viajar, y por llegar a la isla de El Hierro, uno de mis destinos vitales, confirmado posteriormente, pedí la vuelta a la escuela y fue en la de Guarazoca...1994 a 1997, tres años decididamente felices...



...pasé fugaz, un mes, por una escuela de Fuerteventura y nueva excedencia (me aguardaban las Américas...)

...y así hasta llegar a La Gomera... llegué, cómo olvidarlo, el 3 de septiembre de 2001 y allí estuve hasta el 2015 citado al principio, un tiempo mediado por otra excedencia y repartido entre las escuelas de Arure y La Dama...


...estos días he celebrado, así lo he contado a mi grupo de Arure, que hace justos 20 años llegaba al pueblo, nadie podía creer que un señor maestro llegara en bicicleta. Volvía de una excedencia de cuatro años y tenía verdadera gana de escuela en La Gomera... y Arure era mi lugar. Aquella buena abuela Felisa ya con confianza, y con respeto, me decía que eso de un maestro sin coche no podía ser...y harto se extrañaban cuando por venir algún familiar o amigo alquilaba un coche..."así tiene que ser" me decían... 


...años después, uno de los reencuentros con las gemelas Violeta y Alejandra...
...y la fábrica de papel, uno de los muchos recursos que fui llevando a cabo junto a las salidas del aula, el teatro...



...servidor, nada carnavalero, ahí me tienen en 2012 como anunciando que vendría el papa Francisco...

...con este apuesto grupo se cerró la escuela de Arure, otra más, ya tres, que cerraba a mi paso... 


...algo que me saqué de la manga, aprovechando que había por allí unos caballetes pillando polvo, fue hacer una galería de retratos consistente en que cada alumno pintaba a todos sus compañeros...ni que decir tiene que salían sorprendentes parecidos y verdaderos monstruos...En este caso, en los retratos que me hicieron a mí...parece un desgraciao que no tiene dinero, dijo Sergio contemplando su obra...nada que ver con el de Azahara, algo pasado de pelo...



...uno de los muchos regalos de mi ingenioso alumno de Arure Dylan, 6 años...el maestro ofreciendo a su novia un cruasán en París...eso pone por detrás...
 
...en fin...por supuesto, aquella pasión primera más que apagando se fue ajustando, reposando...A la hora de pedir los traslados disfrutaba tanto el destino que me daban como lamentaba tantos otros a los que no podría ir...Recuerdo pedir pueblos como Oña, Santa María la Real de Nieva, La Fresnedilla, Uña, Benaocaz...Igualmente, me habría gustado ir de maestro a países lejanos e incluso miré la documentación que hacía falta para optar a maestro de circo, ir rodando en escuela con las familias de los circos. De alguna mucha manera me sentía heredero de aquellos maestros rurales de los años 60. Viendo cómo han ido evolucionando las cosas, la paulatina y parece que irreversible perdida de la ruralidad, los planes de estudio...vengo a creer que formé parte de un especie a extinguir, si no extinta ya. Estoy agradecidísimo al magisterio que me dio tanto...
Aquella ya lejana mañana del 30 de enero de 2015 así me encontré la pizarra. Tenía la mochila en la puerta... 




...terminando se me acaba de ocurrir una anécdota de Kevin Jesús, el buen niño de Arure. Un día, con una inocencia entrañable, me dijo: maestro, te veo más chico porque yo estoy creciendo...


"au revoir les enfants"

martes, 7 de septiembre de 2021

...Escapada a Bulgaria...

Al enfermo los médicos le recomiendan sabiamente un cambio de aires y escenario...

(WALDEN, libro de Henry David Thoreau, formando parte de esta mochila) 


...Llegué a Sofía a finales de noviembre de 1991. Había salido de La Zubia con Pandora el 23 de marzo. Ahí se puede entrever la sufrida bici, tumbada, al pie de la foto, foto que entones era diapositiva, ante la grandiosidad de la catedral de Alexander Nevski, esa que se construyó para conmemorar a todos los caídos en la liberación del yugo otomano.

El plan del que era mi segundo gran viaje en bicicleta consistía en llegar al cabo Norte y dar una vuelta por los entonces llamados países del Este. Así, crucé la piel de toro hispana, Francia, Holanda, Alemania, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Suecia, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. Llegando a Sofía se terminaba el viaje, así lo comuniqué a familia y amigos en el dossier que preparé minuciosamente y repartí antes de salir. Lo que me callé, que ya dicho periplo era suficientemente pretencioso, era que desde que salí de La Zubia tenía en mente llegar hasta Damasco para compensar con alegría la despedida a la francesa que hice a mis buenos amigos de allí dos años antes... Y así fue, llegué a Damasco el 19 de diciembre...pero esto ya forma parte de otra historia...Eso sí, en la tienda de recuerdos de dicha catedral compré dos discos, dos LPs. de cantos ortodoxos, no suponían un peso excesivo, el tamaño se ajustaba a las alforjas de atrás...cómo resistirme al precio de unas 14 pesetas cada uno...

Treinta años después, con mis potencias mermadas, como es natural, y con la fácil humildad que ello comporta, vuelvo a Sofía. Con la geografía corporal algo trabada, tenía necesidad de salir, cambiar de escenario, la necesidad de cambiar algo aunque a la postre todo siga lo mismo. Cambié, así, este almuñequero paseo Reina Sofía, donde paso tiempos, por Sofía, a secas, y estas cuatro paredes que me acogen por las novedosas de un hotel, que para alguien que va con poco más de con lo puesto, sabiendo siempre que ella no faltara a la cita y teniendo hogar siempre en la soledad, son detalles menores...En llegando a Sofía, presentarme ante este monumento es lo primero que hago una vez dejada la mochila en mi aposento...





 Desde esta cara de  la catedral se puede ver el
 macizo Vitosha: símbolo de Sofía, su referente paisajístico, surge a las afueras de la misma capital permitiendo todo tipo de actividades de aire libre. Parece que nunca una montaña con todos sus atractivos estuvo tan cerca de una capital de país. Está muy bien conectada con teleférico y autobuses. Con uno de ellos llegué hasta el lugar conocido popularmente como los Puentes Dorados. Era la primera mañana de mi estancia, el sol lucía, no tardé en apreciar el aire vivificador de la montaña, ya no me acordaba de cuando fue mi último paseo, tomaba como lujo lo que es cotidiano en mí...Paseando por aquellas gratas espesuras, agradeciendo, andaba, cuando en un claro del bosque me  encontré esta imagen:

...Un inusitado canchal, un asombroso cauce de espectaculares bloques de granito. Por encima de estos cantos había una capa de silencio contrapuntada por el rumor del agua corriendo bajo ellos. El recuerdo fue inmediato. Seguro que alguno de los por mí agradecidos lectores de esta página guarden memoria que hace un par de meses, final de mayo, les compartí esta imagen del Pedregal de Irimia, donde nace el río Miño:         

Tiempo ha que no encontraba tan fiel hermandad de paisajes...Servidor, hermanador de paisajes...



Mi plan búlgaro incluía llegar hasta Nesebar, un remarcable lugar enclavado en una pequeña península artificial en la costa búlgara del mar Negro: Nesebar, patrimonio de la Humanidad... no sobrado de ánimos y ajustado de fuerzas, dejé Nesebar para segunda orden, como decía mi madre, y me bajé del tren en Plovdiv...y fue buena idea, que Plovdiv, la segunda ciudad búlgara, ciudad europea de la cultura 2019, bien merecía una estancia: su casco histórico, de trazado irregular, con callejuelas empedradas y casas pintadas en tonos pastel, sus mansiones estilo renacimiento búlgaro, restos de su pasado romano (teatro, hipódromo...), las siete colinas que la circundan, el río Maritsa que nace en las montañas de Rila y entrega sus aguas en el Egeo...Grato recuerdo de Plovdiv, ahora que veo estas imágenes tan cercanas en el tiempo, ya tan lejanas...  











       

En un puente sobre el Maritsa... 



No me cuesta nada confesarlo, total...mi energía, oh, aquella aparentemente inagotable energía mía, me dio lo justo para ir sacando adelante los días, alternando paseos y visitas con horas, diurnas, gastando los buenos colchones que por suerte tuve. Una tarde, tras descargar la tormenta, aromado el aire, fui a cumplir con uno de mis rituales viajeros: visitar cementerios, en este caso el Cementerio Central de Sofía, a media hora del hotel...No colocaría esta necrópolis, ciertamente, entre las imprescindibles que he visitado, lo cual en nada desmerece la visita...Está muy extendido, todo llano, boscoso, podría pasar por un parque como tantos, muchas tumbas van sucumbiendo bajo la hierba...

Aquí me esperaba ciertamente el momento personal del viaje, esos detalles que me acontecen y que forman parte de lo imprevisible, de cómo lo imprevisto toma cuerpo. Caminaba sin rumbo fijo por los caminos cortados en perpendicular haciendo lo propio: observar las tumbas, las fechas, las fotos, lo epitafios escritos, claro, en alfabeto cirílico...Iba por esta avenida con los curiosos columbarios a un lado, la soledad era total...

...cuando en segundos veo alguien que se acerca y va decididamente a mi encuentro. Era una chica, una mujer delgada, vestida con vaquero y camisa formal, pelo lacio, moreno, tez clara, gafas con cristales que dejaban ver claramente sus lágrimas. Se acerca y me habla; antes que sus palabras se agranden, yo vengo a decirle que Ispaniya...entonces, con soltura, pasa a un inglés del que solo entiendo su pena, calma y desatada, y que por un lugar al que señala está enterrado su padre o su abuelo, que murió no sé si hace tres meses o tres años, un hombre muy bueno, eso sí que lo entendí. Yo me dejé hacer, como siempre fue en mis viajes, y acepté agradecido la bolsa de comida que me entregó, y ella se despidió también agradecida, me parece, como tras haber cumplido una labor...        

Ya en el hotel vi con detalle el contenido de la bolsa: un generoso racimo de uvas, sin pepitas, una chocolatina tipo kit kat, una galleta tipo barquillo de vainilla y un paquetito de deliciosas galletas de almendra, pura almendra, de esas llamadas moscovitas...y en ratos de los días di cumplida cuenta de todo, a la salud de la chica que me la ofreció... 

Fue en Plovdiv, quién me lo iba a decir, donde tuve información del caso. Al terminar mi visita, en solitario, a una de las muy elegantes casas de renacimiento búlgaro, viendo la amabilidad de la señora que estaba al frente (guardaba un cierto parecido a nuestra Amparito Baró), su esfuerzo por decir unas palabras en español, su simpatía, no dudé que era la persona adecuada para preguntarle el caso del cementerio...Pidiéndole disculpas por mi inglés, apoyado en su comprensión y por mis gestos, vine a decirle, a querer decirle...el otro día estuve paseando por el cementerio de Sofía, iba por una de sus avenidas y se acercó a mí una chica llorando, primero me habló en búlgaro y después en inglés, me contó que se había muerto un familiar y me ofreció una bolsa con comida que, por supuesto acepté, y se fue...Ella, sin mostrar extrañeza por lo contado, me habló de las fechas de fiestas y conmemoraciones, de visitas generales a los cementerios, al estilo de nuestras tradiciones católicas. Paralelo o ajeno a esas fechas, de manera particular, cada familia celebra, a su gusto, si hace un mes, tres meses, un año...de la muerte de sus allegados...Y vino a decirme que lo que me había pasado era una costumbre que ya se estaba perdiendo y que había hecho lo correcto al aceptar el presente...

    

...Amanece en Sofía. Mi hotel queda cerca de la popular avenida Vitosha, el animado bulevar a estas horas desierto. Voy camino de las estación de Serdika, que viene a ser así como la Puerta del Sol madrileña, para tomar el metro que me lleve al aeropuerto.  Voy con mi liviana mochila, apenas lastrada con un par de pomos de madera con esencia de rosas (cómo no comprar estos detalles estando en Bulgaria, aún sin saber a quién los regalaré).... En pleno bulevar me encuentro una botella de cerveza de litro, de plástico, cortada por arriba, conteniendo unos cuantos girasoles en agua. Su precio, 1 leva (la mitad de un euro).  Miro atrás y veo cómo los primeros rayos de sol van pintando las cumbres de Vitosha. En un segundo veo todo lo que he visto estos días, mis serenos, pausados, ratos de actividad y mis inevitables anchos descansos. Me iba en las mismas condiciones físicas y anímicas en que vine, pero, dicen los adagios, el que viaja, lo mismo que el que come, escapa, mientras he ido y he venido vida he tenido, y que algo tenía que cambiar para optar a que que todo pueda seguir siendo lo mismo...Con esa imagen de los solitarios girasoles, contrapunto nostálgico, entro en el metro...

...En el trayecto de regreso iba recordando una de las tantas cosas que dicen pueden ocurrirnos al morir, todas válidas, todas inciertas, porque nada sabemos...pero me adhiero a esta que dice que podremos, al fin, saber aquello que fue enigma personal en vida (qué habrá sido de aquel niño cuya voz me cautivó junto a un río de Chile, quién se encontraría el sombrero que perdí en Atenas, a quién se le perderían los diez euros que encontré cerca del aeropuerto de Málaga, qué habrá sido de aquella chica Margarita de Corinto, o Daniel, aquel inglés con el que caminé un glaciar de Nueva Zelanda, o de Argos (así lo llamé yo), el perro que me acompañó fielmente todo un día y toda  una noche por las montañas del Parnaso, o de aquella humilde familia rumana cerca de la frontera húngara que me invitó a dormir en su casa rescatándome de la marquesina, o de Giovanni, el niño siciliano que se empeñó que le sacara una foto junto a Pandora, de los policías camino de Petra...mi lista no tiene fin...y en este caso que me ocupa, saber de esta chica del cementerio de Sofía que lloraba, y del abuelo, o padre, por quién lloraba, poder ver a este hombre a cuya memoria (iba a decir a cuya salud) comí las viandas...