jueves, 25 de junio de 2026

...KASTELÓRIZO, un latido del Egeo...

...No por pequeña le cupo menos historia. Hablo de KASTELÓRIZO, la isla de apenas 9 kilómetros cuadrados, el territorio más al oriente de las tierras de Grecia. Hasta ahora era Donousa, unos kilómetros cuadrados mayor, la isla más pequeña que había visitado de tantas cuantas conforman el complejo puzzle de las ínsulas griegas, desde las más grande, Creta, las más populares, Santorini o Mikonos, turismo obliga, a las perfectas desconocidas...
Habitada desde la antigüedad, Kastelórizo, desde la civilización micénica hasta la actualidad pasando por otomanos, venecianos, franceses, ingleses e italianos, hasta marzo de 1948 que se incorpora a la Grecia actual, fue un enclave estratégico, siempre, y más durante la segunda guerra mundial...
La isla ganó popularidad en tiempos actuales cuando la película italiana Mediterráneo, íntegramente rodada en ella, consiguió el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Ello fue en 1992. Recuerdo que la vi en Granada, en los hoy abandonados Multicines Centro, las salas en que se fragmentó lo que había sido el gran Palacio del Cine, todo ya historia...y recuerdo también que, mayormente, me aburrió, la encontré sosa, con un humor un tanto simplón...pero me quedé hasta el final, viendo la interminable lista de letras que componen los llamados créditos, y así conseguí leer dónde se había rodado: no sabía que ahí, hace 34 años, estaba germinando mi venida a la isla. En el barco que me lleva desde Rodas, entre tres y cinco horas de trayecto, dependiendo de la naviera, empiezo a revisar la película que está en Youtube, aunque sea en italiano, y voy anticipando algo de lo que veré...
...justo es el cementerio, avejentado por obvios motivos cinematográficos, lo primero que como tal se ve de la isla cuando los soldados italianos de la película desembarcan. Después, alguna vista del castillo, mucha roca, pura caliza como en casi todas las islas del Mediterráneo, montañas, arbustos espinosos... ¡y las fachadas de las casas!...que hoy lucen atractivas a lo largo de la curva que dibuja el paseo marítimo: tiendas, restaurantes, todo con sosiego, encalmado...
El pueblo, la capital, solo hay uno, tiene el sereno, arrebatador, atractivo, solo visto y constatado en Chalki y, sobre todo, y en grande, en Symi: casas de estilo neoclásico, con tejado a dos aguas, fachada rematada con frontón, y todas pintadas en suaves tonos pastel que es lo que resume su encanto de conjunto. En Kastelórizo las casas de alinean en torno a la cerrada bahía, una concha perfecta que le abriga de oleajes ofreciendo un puerto más que seguro. Las costas turcas quedan a tiro de piedra, como en tantas otras islas del Egeo.
Sorpresa, no pequeña y harto buena, me supuso encontrar recién inaugurados, como quien dice, balizados, una serie de gratos senderos, forzosamente no muy largos pero no menos sugerentes por su accidentada geografía...y es así como pasé las muy buenas 38 horas en la isla...
...empezando, apenas desembarcado, subiendo esta escalinata, más de 400 peldaños que ya desde el mismo barco me estaban llamando, escalones que me llevaron a la pétrea llanura en el centro de la isla donde me aguardaba el santuario de san Jorge, Agios Giorgios, a cuya puerta, tras la frugal cena, generosamente regada, eso sí, con mesa y sillas bajo la encina, me acogí...(¡con la suerte de una silla!, como me decía una muy buena amiga...pena que una silla no ablande ni tanto así el suelo mondo, et lirondo...)
Una de las sendas sube a Paleokastro, donde estuviera la antigua acrópolis, un fragmento más de la propia esencia griega, donde se unen sillares, ancestrales, ciclópeos, santuario moderno, el inmenso azul de fondo, sin faltar olivo ni cabras... qué seres, nosotros antes, tallarían los peldaños de esa cisterna...
...y esta tumba licia tallada en la pura roca...(licios, pueblos del Asia Menor...)
...pero estaba ignorante de una más que agradable sorpresa que me aguardaba...
En octubre de 1989, con Pandora, dentro de aquel intenso bucle mediterráneo, pasé por la isla de Capri...el estado del mar no permitía la entrada a la famosa Grotta Azzura, una de las ilusiones de aquel niño que era y su álbum de las maravillas del mundo que tenía (y aún guarda, guardo)... Aquí en Kastelórizo hay otra cueva azul, hermana de aquella, que me sacó limpiamente la espina italiana. Un barco mayor nos acerca a la rocosa costa donde se ubica y una barquita, en varios turnos, nos adentró en ese paraíso azul. Había que tumbarse en la barca para no aporrearse en la mínima apertura... traspasado el umbral, la maravilla: el azul ultramarino que vi en Amorgós, el azul de banderas y ermitas, la gama de azules irisados cuya paleta viene de tiempos homéricos...la maravilla, extática, por unos minutos, atemporales...
...Al final de la película, el teniente, envejecido, como corresponde al paso de unas décadas, vuelve a la isla a visitar a Antonio, soldado que no quiso salir de Kastelórizo (Castello Rosso) cuando el rescate, de tal forma se había enganchado de y con Basilisa... que ya descansa en el cementerio...
...con él, en el barco, llega un contingente de turistas, como anunciando el tiempo en el que estamos, los tiempos modernos, el turismo, el modus vivendi de este lugar, como en más de medio mundo...turistas mayormente griegos, turcos e italianos...y un servidor que vivió 38 horas, transitadas palmo a palmo, minuto a minuto, treinta y ocho horas entre el atardecer que llegué y el amanecer que me despide, bellísimos, clamorosos, ambos...
Esta página quedaría inconclusa sin citar, al final, como en personal colofón, el concierto de autillo que en polifonía de corta, media y larga distancia me acompañó la noche de san Jorge, agradecida banda sonora de aquella noche estelar...

domingo, 14 de junio de 2026

...¡DIÁGORAS y DIÁGORAS!...

...curioso como soy, tal vez por naturaleza, tal vez como algo inherente a la soledad, tal vez por ser connatural con la palabra viajar, y vivir, tal vez porque el mundo me ha hecho así, sabe Dios, curioso y, como tal, buscador incansable de información con que, si no satisfacer del todo esta necesidad, de saber, sí al menos paliarla y dejarme momentáneamente tranquilo con un conocimiento más y su consiguiente retazo de ignorancia menos...pero en el tema que trato, DIÁGORAS, se me tuvo que pasar en su día, que una curiosidad se va solapando con otra acabando por irse al atiborrado rincón de los olvidos...
Por tercera vez llego al aeropuerto internacional de Rodas, nombrado DIÁGORAS...Hace dos años estuve en la isla de Milos, sí, donde la famosa enigmática Venus (a la que dediqué una página) y allí leí sobre DIÁGORAS, el Diagoras de Milo (Milo, Milos, Melos...de estas formas se transcribe el nombre de la isla, bien bonita, ciertamente) y yo, claro, tan pancho, conforme con que aquel de Milos era el mismo que nombra este aeropuerto de Rodas...¡Bueno estaba yo asociando estos Diágoras! El parecido entre ellos, nombre aparte, se centra en el blanco de sus ojos, que nunca falla, y su pertenencia a la Grecia clásica, ambos del siglo V antes de Cristo...
Diágoras de Melos y Diágoras de Rodas...
... total, que apenas saliendo del aeropuerto pongo en el buscador por qué se llama Diágoras este aeropuerto...y ahora sí...me quito de encima un peso que no sabía que llevaba y siento eso para lo que aún no hay nombre, que yo sepa, que consiste en esa momentánea alegría interior, muy interior, ese extraño placer de saber algo cuya ausencia no nos lastra el vivir, ni su conocimiento nos lleva a una pretendida calma, un razonamiento que pareciendo parecido es de una abismal diferencia en la intimidad de cada cual: puede que sea el efecto benefactor, balsámico, de una gota de sabiduría..
El autobús que cubre la ruta del aeropuerto hasta el centro, cuando va entrando en la capital, que se llama Rodos, como la propia isla, deja a un lado, en una rotonda, este monumento de dos jóvenes en la flor de su edad, jóvenes adultos, aupando a un hombre mayor, no tan viejo, de rostro noble y porte soberano. Este monumento lo he fotografiado en otras ocasiones, sin saber... Tengo la excusa que las veces anteriores aún no tenía teléfono, no disponía de las facilidades de ahora para recavar información...ahora me llega toda...
El grupo escultórico representa a Diágoras, de Rodas, llevado en volandas por sus hijos, Acusilao y Damageto, que regresan, ambos, triunfadores, en los juegos Olímpicos. Portan a su padre que años antes había sido, caso único, vencedor, en la especialidad de pugilato, en los cuatro juegos de la Antigüedad, los juegos panhelénicos: Olímpicos (en Olimpia, cada cuatro años, en honor de Zeus), Istmicos (cada dos años en el istmo de Corinto en honor de Poseidón), Píticos (o Délficos, cada cuatro años en el santuario de Delfos dedicados a Apolo) y Nemeos (en Nemea cada dos años en el santuario de Zeus)...llama la atención la medida organización de tantos juegos, casi como ahora, teniendo en cuentas las condiciones comunicativas, de transporte, de entonces (y saber que todo el premio consistía en una corona de laurel o de olivo y el reconocimiento...).
Cuentan, leo, que llevándolo sus hijos como se ve alguien gritó:Ya puedes morir, Diágoras, pues no esperes subir al Olimpo, y lleno de felicidad y reconocido por todos exhaló su postrer aliento...lo plasmó en esta pintura el francés Thomas Degeorge...
...del mismo siglo, siglo V antes de Cristo, es el otro Diágoras aunque su pervivencia en el tiempo venga por otros muy distintos derroteros. Si se le conoce con el sobrenombre de Diàgoras el Ateo ya podemos columbrar por donde va la cosa: el primer ateo, reconocido, de la historia. De sus primeros tiempos se conoce poco e incierto, a veces relacionado con Demócrito. La wikipedia y otros artículos  consultados vienen a decir que de su isla natal pasó a Mantinea, en el Peloponeso... Cuando esta villa de la Arcadia se puso bajo la protección de Esparta, marchó a Atenas, donde pasó de ser un poeta compositor de ditirambos e himnos religiosos a ser un escéptico y ateo.
Lo que se conoce actualmente de él, de sus ideas, es lo que ha legado alguien tan importante como Cicerón, que tuvo que leer su obra, de la que no queda nada. En ella dirime sobre la existencia o no de los dioses, lo hace sin pelos en la lengua y lo expone con argumentos difícilmente refutables, o en todo caso desde la ciega lucidez de la fe, un muro contra el que no sirven argumentos...
En su celebérrima pintura de La Escuela de Atenas, Rafael lo representa colocado en un discreto "aparte"...
Según Sexto Empírico, Diágoras comenzó su ateísmo al comprobar cómo un enemigo suyo salía de un juicio sin castigo alguno después de haber cometido perjurio al jurar ante los dioses ser inocente, lo que le había bastado para salir sin pena. Decía Diágoras:
Si la inmoralidad puede permanecer impune, ¿para qué creer en dioses que velan la virtud humana?
Cicerón, en el siglo I a. C. cuenta, en sus escritos, cómo un amigo de Diágoras trató de convencerlo de la existencia de los dioses, señalando cuántas imágenes votivas hablan de personas que se salvan de las tormentas en el mar "a fuerza de jurar a los dioses", a lo que Diágoras respondió que "no hay en ninguna parte exvotos de los que naufragaron y se ahogaron en el mar". Cicerón continúa para dar otro ejemplo: Diágoras estaba en un barco durante una tempestad, y la tripulación pensó que se había desencadenado por llevar a ese hombre impío a bordo, y él preguntó si los otros barcos en la misma tormenta también tenían un Diágoras a bordo...valgan estas enjundiosas anécdotas para dar luz sobre este Diágoras, sofista y ateo...precursor del pensamiento crítico, fue el primero en proponer que las leyes y la moral no necesitan fundamentarse en la religión sino en la razón y el bienestar común... todo un revolucionario...
Como la inspiración para componer música, tocar un instrumento, para pintar, para pasar a letra de la manera más bella los más íntimos sentimientos etc., la fe es un don, que se puede "trabajar", cierto, pero difícil de sustentar sin ese don previo (palabra de cura, así me lo dijo alguien) y si Dios no lo ha dado, como se quiera decir, qué se puede esperar o criticar. En menor o mayor escala quizá todos llevamos dentro un Diágoras, de Melos, más que un Diágoras de Rodas, que también, en la veneración a nuestros progenitores. Mucho antes de conocer la filiación del mismo, el monumento de Rodas me sugirió a Eneas portando a Anquises, su anciano padre, y a su hijo Ascanio de la mano, en la huida de una Troya en llamas...
Tras leer todo lo que me ha salido sobre el Diágoras, sofista y ateo, he recordado mis lecturas periódicas sobre Pessoa que me traspasó limpiamente su existencial desasosiego...
Que los Dioses, si son justos en su injusticia, nos conserven los sueños incluso cuando sean imposibles...
Los dioses son la encarnación de lo que nunca podremos ser...
Dejo el tema aquí. Mi regreso a las islas empezaba de manera inesperada, potente, que es como tantas veces lo espero...llego a Symi, mi querida y muy caminada Symi (viví más de un mes en 2018) primera isla de este nuevo periplo tras el puerto de Rodas, y me encuentro, entre lujosos yates, este barco, humilde, listo para dar un rodeo por la isla...
...siento la tentación de acercarme y preguntar a un hombre que se asoma:
Με συγχωρείτε, κύριε, ξέρετε ποιος ήταν ο Διαγόρας;
O caso más avanzado:
Με συγχωρείτε, κύριε, ο Διαγόρας στο πλοίο σας είναι από τη Μήλο ή αυτός από τη Ρόδο;
¡DIÁGORAS, DIÁGORAS!