domingo, 5 de julio de 2026

...SAMOS, en el Sentido de mi Vida...

...no era el gran Pitágoras el reclamo de regresar a Samos poco más de dos años después. Ni Aristarco ni Epicuro, no. Animal como soy, y como tal propenso al cansancio y proclive al descanso, necesitaba gastar una cama, lo primero, lo más necesario, tras los días durmiendo ermitaño, y lavar mi baqueteada geografía corporal, incluyendo la vestimenta que la cubre, tras los sudores y esfuerzos, y dulzores, de esta vida trabajada que tenemos (Manrique no me deja), que llevo y me lleva... pero ello lo podía haber hecho saltando Samos y siguiendo hasta la isla de Fourni, siguiente destino en mi periplo, que Fourni no estaba exenta de cama y agua, como posteriormente comprobé. El motivo personal, sentimental si se quiere, musical, un ramillete de motivos, era volver a ver, intentarlo al menos, a Giorgios, mi patrón del hotel, hotel Tarsanas, donde me quedé entonces, que me propició una experiencia única, variopinta, en mi vida, ya larga vida, de alojamientos, de todo tipo y pelaje...
Para entender el sentido de lo que cuento habría que leer esta página que escribí, relativa a esos días, abril 2024...aquí dejo el enlace:
https://avueltasdeveleta.blogspot.com/2023/04/samos-ocho-dias-y-una-noche.html?m=1
... Castigué el lecho todo lo que pude y lavé la ropa antes que se escapara como aquellos niños renuentes al jabón. Cierto que para una reina de la lejía (como llamaba mi obitado amigo Alfonso a las mujeres que suelen dedicarse con obsesión a la limpieza...) yo, marraneé  (otra expresión adquirida) la ropa...como suelo hacer: la puse en la misma ducha donde me lavé, la sometí a un obvio zapateado que ni Sarasate lo habría hecho mejor, y tras una pasada por jabón de tocador en el lavabo y su correspondiente enjuagado, el sol de Samos, un rato después, la dejó si no limpia como una patena sí presta para seguir...El estudio apartamento kallirroien el corazón de Pythagorio, cumplió con creces mis expectativas...
... Y ya en la calle, a dos pasos, me acerqué a merodear por el hotel Tarsanas. Días previos había intentado reservar pero lo daban agotado en booking... Allí estaba el edificio en piedra viva, bien que muy disimulada ahora por la profusa enredadera. Así estaba entonces y así está ahora...
...di la vuelta al edificio y me asomé a lo que entonces era el despacho/almacén/ recepción/cocina...nada quedaba de ello, se estaba montando una gran cocina, moderna. Un hombre oriental salió a atenderne y me vino a decir, no entendí muy bien, que aquello ya no correspondía al hotel, que la entrada quedaba al otro lado, en la callejuela; me asomé y, sí, aquello tenía aspecto de despacho/ recepción. Por dos veces regresé esa misma tarde pero seguía sin haber alguien.
En los mismos días previos escribí sendos correos electrónicos a dos direcciones que encontré en mi búsqueda de Tarsanas pero sin obtener respuesta. Ya me conformaba con estos intentos. A la mañana siguiente, unas horas antes de partir, volvi a acercarme...y, sí, era él...apoyado en la pared, mirando los trabajos de unos operarios en la fachada...la presa no se me podía escapar...
Are you Giorgios?...l am Antonio, from Spain.
Parece que me estaba casi esperando: había contestado mi correo pero yo no había mirado en la carpeta spam que era donde lo tenía. Me reconoció como el huésped de entonces, mi agradecimiento sincero y mi comentario en Booking haciendo equilibrios, no fáciles, entre lo que era el alojamiento en sí y el hospedaje que yo viví. Volvimos, volvió, a hablar de guitarra clásica española, de Albéniz, Fernando Sor, el maestro Rodrigo, el concierto de Aranjuez, los Recuerdos de la Alhambra y su preferido, el maestro Francisco Tárrega...también nombró los siete siglos de árabes en España y a los reyes Ferdinando e Isabela...recordamos cuando me llevó en coche a Samos capital, en ese mismo coche que aparece a la derecha cuya puerta tenía que ir sujetando yo mismo con una cuerda...
Giorgios es unos meses más joven que yo...aunque ahora que miro la foto parece más viejo, y no será porque yo me miro bien...Aprecio el encantador desaliño que le da llevar la camisa abrochada titicoja...nos intercambiamos el teléfono, WhatsApp, ya le envié las fotos, las nuevas y las antiguas, y quedé, como la vez anterior, en visitar la tumba de Tárrega en Castellón. Él me dijo que apenas toca la guitarra, los huéspedes de otro hotel que regenta (Mariona) no están por la labor de escuchar, y la mejor guitarra sería una molestia...
Mi objetivo en Samos, Cama/Aseo/ Giorgios, estaba plenamente conseguido.
Ya solo me quedaba girar visita al monumento a Pitágoras, coger el autobús hasta Samos capital y otro más hasta Karlobasi donde a la tarde tomaría el ferry para Fourni siguiendo mi periplo...Pero...
...Pero la vida, Samos, me tenía reservado un regalo de esos personales, intransferibles, esperables cuando ya han acontecido pero fuera de programación...Llegar a la parada de autobús en la capital y tener memoria fue todo uno...
...se me había borrado el rato que pasé platicando con María tal y como cuento en la página citada...me acerqué a saludarla y se acordó de mí...la librería de segunda mano que entonces estaba montando (foto de arriba), ahora era un apasionante caos calmo como sacado de un cuento/sueño de Borges...
Los libros dan vida, no dinero, los libros ayudan a vivir pero no dan para vivir, vino a decirme... tenía montado en la terracita su cafetín, con sus bebidas, sus mezes, clientes que la saludaban como habituales parroquianos... Tenía yo dos horas por delante, dos ouzos que tomé...
Cuando ya entré para las fotos y despedirme, se le ocurrió preguntarme qué estaba leyendo, seguro se fijó en la bolsa de tela en que llevo un libro de Azorín (Tiempos y cosas) y un episodio de Galdós (La estafeta sentimental) pero, y aquí está la clave, no sé por qué se me ocurrió decirle que leía a Pessoa, no llevo su Libro del Desasosiego, libro de cabecera, pero lo consulto con frecuencia en mis apuntes...le pregunté si conocía a Fernando Pessoa, se dio la vuelta y volvió con este ejemplar, soltando un ¡Por supuesto!...
...no podía dar crédito a lo que estaba aconteciendo...María siguió atendiendo clientes y yo, raptado y alado, abrí el libro por la página marcada con la solapa delantera y esto era...
...en un momento pasaron por mi vista, mis manos, una vida, me vinieron recuerdos que ya no recordaba, desde aquella vez que prestado por María Luisa y sin entender mucho, o casi nada, lo llevé al viaje en bici a Fátima acompañando en su promesa a Carlos, amigo de un tiempo, año 1990...las veces que lo regalé, incluso en otros idiomas: a mi ya difunto amigo Andrei y familia en rumano , a Ina de Brtlin en alemán, a Haroula, amiga griega, este mismo libro en otra edición, en español a varios amigos, la lectura compartida con mi amiga Aminata... ...últimamente mi amiga Beatrice, de Francia, me comunicó su adquisición...

...de las tantas lecturas que he ido haciendo, compuse una antología, un breviario, que repartí en capítulos: amor, tedio, sueños, política, religión, sociedad, familia, absurdo, muerte...su intranquilidad, su desvelo, su inquietud, su desasosiego forma hoy, sigue formando, parte de mi sosiego, de mi tranquilidad, sabiendo que alguien, tan humano como yo, escribió lo que yo siento y no sé expresar..
Cuando me subí al autobús rumbo al barco en Karlobasi iba con una sensación de vibrante estupor, de extrañeza, de haber estado abducido un tiempo...
"Nunca pude leer un libro entregándome a él; [...] Al cabo de unos minutos, el que escribía era yo".
...unas horas antes una señora con perro se empeñó en sacarme esta foto en el monumento a Pitágoras...
...tal vez todo fue un regalo epicuropitagórico...¡Qué solos y qué ignorantes estamos con lo que sabemos!

jueves, 25 de junio de 2026

...KASTELÓRIZO, un latido del Egeo...

...No por pequeña le cupo menos historia. Hablo de KASTELÓRIZO, la isla de apenas 9 kilómetros cuadrados, el territorio más al oriente de las tierras de Grecia. Hasta ahora era Donousa, unos kilómetros cuadrados mayor, la isla más pequeña que había visitado de tantas cuantas conforman el complejo puzzle de las ínsulas griegas, desde las más grande, Creta, las más populares, Santorini o Mikonos, turismo obliga, a las perfectas desconocidas...
Habitada desde la antigüedad, Kastelórizo, desde la civilización micénica hasta la actualidad pasando por otomanos, venecianos, franceses, ingleses e italianos, hasta marzo de 1948 que se incorpora a la Grecia actual, fue un enclave estratégico, siempre, y más durante la segunda guerra mundial...
La isla ganó popularidad en tiempos actuales cuando la película italiana Mediterráneo, íntegramente rodada en ella, consiguió el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Ello fue en 1992. Recuerdo que la vi en Granada, en los hoy abandonados Multicines Centro, las salas en que se fragmentó lo que había sido el gran Palacio del Cine, todo ya historia...y recuerdo también que, mayormente, me aburrió, la encontré sosa, con un humor un tanto simplón...pero me quedé hasta el final, viendo la interminable lista de letras que componen los llamados créditos, y así conseguí leer dónde se había rodado: no sabía que ahí, hace 34 años, estaba germinando mi venida a la isla. En el barco que me lleva desde Rodas, entre tres y cinco horas de trayecto, dependiendo de la naviera, empiezo a revisar la película que está en Youtube, aunque sea en italiano, y voy anticipando algo de lo que veré...
...justo es el cementerio, avejentado por obvios motivos cinematográficos, lo primero que como tal se ve de la isla cuando los soldados italianos de la película desembarcan. Después, alguna vista del castillo, mucha roca, pura caliza como en casi todas las islas del Mediterráneo, montañas, arbustos espinosos... ¡y las fachadas de las casas!...que hoy lucen atractivas a lo largo de la curva que dibuja el paseo marítimo: tiendas, restaurantes, todo con sosiego, encalmado...
El pueblo, la capital, solo hay uno, tiene el sereno, arrebatador, atractivo, solo visto y constatado en Chalki y, sobre todo, y en grande, en Symi: casas de estilo neoclásico, con tejado a dos aguas, fachada rematada con frontón, y todas pintadas en suaves tonos pastel que es lo que resume su encanto de conjunto. En Kastelórizo las casas de alinean en torno a la cerrada bahía, una concha perfecta que le abriga de oleajes ofreciendo un puerto más que seguro. Las costas turcas quedan a tiro de piedra, como en tantas otras islas del Egeo.
Sorpresa, no pequeña y harto buena, me supuso encontrar recién inaugurados, como quien dice, balizados, una serie de gratos senderos, forzosamente no muy largos pero no menos sugerentes por su accidentada geografía...y es así como pasé las muy buenas 38 horas en la isla...
...empezando, apenas desembarcado, subiendo esta escalinata, más de 400 peldaños que ya desde el mismo barco me estaban llamando, escalones que me llevaron a la pétrea llanura en el centro de la isla donde me aguardaba el santuario de san Jorge, Agios Giorgios, a cuya puerta, tras la frugal cena, generosamente regada, eso sí, con mesa y sillas bajo la encina, me acogí...(¡con la suerte de una silla!, como me decía una muy buena amiga...pena que una silla no ablande ni tanto así el suelo mondo, et lirondo...)
Una de las sendas sube a Paleokastro, donde estuviera la antigua acrópolis, un fragmento más de la propia esencia griega, donde se unen sillares, ancestrales, ciclópeos, santuario moderno, el inmenso azul de fondo, sin faltar olivo ni cabras... qué seres, nosotros antes, tallarían los peldaños de esa cisterna...
...y esta tumba licia tallada en la pura roca...(licios, pueblos del Asia Menor...)
...pero estaba ignorante de una más que agradable sorpresa que me aguardaba...
En octubre de 1989, con Pandora, dentro de aquel intenso bucle mediterráneo, pasé por la isla de Capri...el estado del mar no permitía la entrada a la famosa Grotta Azzura, una de las ilusiones de aquel niño que era y su álbum de las maravillas del mundo que tenía (y aún guarda, guardo)... Aquí en Kastelórizo hay otra cueva azul, hermana de aquella, que me sacó limpiamente la espina italiana. Un barco mayor nos acerca a la rocosa costa donde se ubica y una barquita, en varios turnos, nos adentró en ese paraíso azul. Había que tumbarse en la barca para no aporrearse en la mínima apertura... traspasado el umbral, la maravilla: el azul ultramarino que vi en Amorgós, el azul de banderas y ermitas, la gama de azules irisados cuya paleta viene de tiempos homéricos...la maravilla, extática, por unos minutos, atemporales...
...Al final de la película, el teniente, envejecido, como corresponde al paso de unas décadas, vuelve a la isla a visitar a Antonio, soldado que no quiso salir de Kastelórizo (Castello Rosso) cuando el rescate, de tal forma se había enganchado de y con Basilisa... que ya descansa en el cementerio...
...con él, en el barco, llega un contingente de turistas, como anunciando el tiempo en el que estamos, los tiempos modernos, el turismo, el modus vivendi de este lugar, como en más de medio mundo...turistas mayormente griegos, turcos e italianos...y un servidor que vivió 38 horas, transitadas palmo a palmo, minuto a minuto, treinta y ocho horas entre el atardecer que llegué y el amanecer que me despide, bellísimos, clamorosos, ambos...
Esta página quedaría inconclusa sin citar, al final, como en personal colofón, el concierto de autillo que en polifonía de corta, media y larga distancia me acompañó la noche de san Jorge, agradecida banda sonora de aquella noche estelar...