lunes, 30 de marzo de 2026

...Música Redentora...

...era el curso escolar 1978/79 y yo cumplía uno de mis primeros proyectos pedagógicos/viajeros a los que seguirían tantos en diversos destinos que tuvieron su cabo y fin en La Gomera. 
Aquel curso 78/79, elegí el destino que quería en la zona que deseaba: la Alpujarra, comarca, y Pampaneira, pueblo. La Alpujarra era una de aquellas mis primeras ilusiones, ya no recuerdo qué ensoñaba a través de esa prometedora palabra, y ahí estaba el magisterio para vivirla mejor; y Pampaneira, entre los probables, era el pueblo perfecto.
Ese curso tuvo una importancia relevante en mi vida: pasados los años lo tomé como un referente, uno de esos seis o siete "antes y después" en que dividí mi vida. Ello fue porque inauguraba el vivir en solitario, tenía la primera casa como maestro, estaba entre montañas, todo un mundo aguardando...y tenía de compañero a Rafa, alguien que influyó, sin pretenderlo, en, digamos, mi "formación"...
De todo esto me he acordado en esta venida a Jamaica, y ello debido a la música: el tremendo poder evocador de la música, estilo magdalena de Proust.
Allí en aquella casa de maestro lo coloqué en un rincón bajo la atenta mirada de un póster de Chaikovski. Hablo del casete, marca Sanyo, que había comprado un año antes en Ceuta, como era costumbre, y entre unas cintas que tenía y la radio donde grababa iba pasando el tiempo musical...Al Stewart y su año del gato, Rick Wakeman y su viaje al centro de la tierra, Bohemian Rapsody de Queen, también los primeros éxitos de Umberto Tozzi, Tanhäuser de Wagner, el Rabo de Nube de Silvio Rodríguez que tenía Rafa...pasaban por el reproductor...y acabó pasando KAYA, aquel disco de Bob Marley que hasta ese momento era para mí un perfecto desconocido. Lo conocí gracias a un chico de Granada, Eduardo se llamaba, que estaba noviando con una tal Paqui, del pueblo, y que un par de veces estuvieron en aquella mi casa de maestro...
No sé si aquella música me enganchó mucho pero ciertamente sí que algo. Ahora lo recuerdo entre muchos detalles cuando llego a Jamaica y visitar su casa/museo, ya sin pasión añadida, lo justo, era uno de los objetivos de dicha venida, más como concesión a un mito.

También me acordaba, diría que más, de aquella noche, una de las varias de los días que pasé en Busteni, en aquel valle de los Cárpatos rumanos, acogido a la hospitalidad de Andy, noviembre 1991, un alto en mi camino de Damasco con Pandora. Nos invitó a su casa su amigo Mihai y este nos tenía preparado un picoteo que era todo un lujo en ese tiempo de escasez y de guardar cola para conseguir cualquier cosa, fuera pan, leche o tabaco...
Nos recibió Mihai con su amiga Simona y alguien más que no recuerdo. Había un riquísimo vino dulce, cómo olvidar su nombre: Lacrima lui Ovidiu, lágrimas de Ovidio, años después lo he vuelto a tomar en mis idas a Rumanía, el buen Publio Ovidio Nasón que moriría de pena tan lejos de su Lazio en aquella Constanza (entonces Tomis) donde fue desterrado por el emperador Augusto, año 8 d.C....y entre las canciones del picú de Mihai sonó varias veces la famosa, la carismática, No woman, no cry...desde la penumbra en que estaba veía con qué gracia y amor, amor sobre todo, bailaban él y Simona...ya de madrugada Andy y yo salimos, bajo un frío glacial, camino de su casa...ibamos en plan de cantar el Asturias patria querida...🎶
La casa museo de Bob Marley tiene un precio disparado (realmente casi todo es algo caro en Jamaica para un turista de bolsillo medio), no hay tanto que ver (fotos, cuadros enmarcando discos de oro y platino, un estudio de grabación, dormitorio...) y no dejan sacar fotos; es visita guiada, en inglés, yo abarqué lo que pude...
Para completar mi visita volví a leer del movimiento RASTAFARI, sus raíces religiosas, su profunda vinculación con Etiopía, Haile Selassie, (el Negus), su linaje desde Salomón, el león de Judá...curioso e interesante...a saber...

...con un transporte incierto, no excesiva motivación y, sobre todo, poco tiempo, me conformé bien con no ir a su lugar de nacimiento y hoy tumba y mausoleo en Nine Miles. Foto de la red...
Días agotadores en Kingston, la capital, gente, mucha, coches, ruido, calor, humedad...desafiando mi todavía mantenida condición de indesmayable. Leo en las guías que Kingston es una ciudad vibrante...vibrante es la palabra de moda, se aplica a todas las capitales. Con vibrante y espectacular se queda todo "bien definido"...
...Espectacular, pura hermosura, pleno silencio, tuve mi ración de paisaje en las Montañas Azules (igual nombre que aquellas de Australia), uno de los dos Patrimonios UNESCO de Jamaica. El otro es Port Royal, un lugar hoy pequeño, decadente pero que fue muy activo y pujante hasta que la desgracia se cebó en él un día de 1692...una arqueología urbana permanece bajo las aguas..
En Ocho Ríos (Ochi, como es conocido, Las Chorreras en tiempos españoles) gratísima la visita a las escalonadas cataratas del río Dunn que terminan en el propio mar. Recordé algo semejante en España, en Galicia, el río Xallas y su fin en la cascada de Ézaro. Las disfruté nada más abrir, unas horas antes que llegara la plaga: oleadas de cruceristas...
Termino en Montego Bay (popularmente se le conoce como Mobay) mis escasos pero no poco intensos días en Jamaica. No se me olvida, tampoco sé por qué fue así, solo que fue así: conocí Montego Bay por la película, ya tan lejana, todavía me gusta, GHOST. ...Sam (Patrick Swayze) acompañando a la vidente Ora Mae (Whoopi Goldberg, fantástica) trata de convencer a Molly (Demi Moore) de que es su alma, su fantasma, quien trata de protegerla... entre los argumentos que le grita desde la calle le dice que recuerde sus días juntos en Montego Bay...
Paseo la última tarde por el parque de la Armonía; a partir de las 5 ya no se puede acceder a la playa, ni siquiera pisar la arena. Hay poca gente y muchos cuidadores del parque elegantemente uniformados de pantalón negro e impoluta camisa amarilla. Paseo a la vista del mar, tan cerca, tan lejos: he leído que los jamaicanos solo puede acceder libremente a un 1% de las playas del país, estando el resto en manos privadas.
Si somos a partes iguales Tiempo, Espacio y Otra Cosa de difícil nombre, estos días míos en Jamaica, ocho, este viaje mío, han supuesto un nuevo caso de desarreglo entre el Tiempo y el Espacio: muy pocos días pero mucho Tiempo que del espacio jamaicano me ha llevado a Espacios de mi vida, o de Espacios donde mi vida no estuvo ni por asomo. La Otra Cosa se ha prestado a fundirlo, mágico crisol, como es su función y costumbre...Recordaba, yéndome ya, otra canción que se tarareó en aquellos años 70 en voces de La Pequeña Compañía, el Adiós, Jamaica: (https://youtu.be/piWIsvJubxA?si=FlX5U-VbYf06ubbv).           
Varias fotos se disputaban el humilde honor de cerrar esta errática página, algo que unir a las Blessing (Bendiciones) con que me despidió una de mis anfitrionas de Airbnb.
 Entre el albergue de la última noche, esa casa victoriana que se ve al fondo, y la iglesia de Saint James, siglo XVII, tiempo ya netamente inglés, se extiende un terreno, en parte aprovechado como aparcamiento, que no es sino el viejo y muy abandonado cementerio. Antes de cargar la mochila y marchar caminando para el aeropuerto, lo paseé mirando tumbas, epitafios y abandono, la indulgente burla del tiempo a lo que tan a perpetuidad se prometía. Y allí estaba el hombre, vivo sobre muerto, lo que será y lo que fue, lo que se es
Bob Marley murió en1981, a los 36 años. Un melanoma muy agresivo. Redemption song, Canción de Redención, fue la última canción que grabó. Es mi favorita, por su ritmo, su pureza, su letra, su mensaje...compuesta en su recta final, a la vista del despegue. Leo que sus últimas palabras, a su hijo, fueron: El dinero no puede comprar la vida.

Viejos piratas, sí, me robaron,
me vendieron a los boques mercantes
minutos después de que me sacaran del pozo sin fondo.
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Porque todo lo que tengo 
es una canción de redención.
Emancipaos de la esclavitud mental,
nadie más que nosotros mismos
puede liberar nuestras mentes.
No temas por la energía atómica
porque ninguno de ellos
puede detener el tiempo.  
(https://youtu.be/5PEmVtBA2Z0?si=jmfhzdz23mIuMK7L)

lunes, 23 de marzo de 2026

...el Puerto Rico que viví..

...la oficina de turismo del aeropuerto de San Juan (aeropuerto Luis Muñoz Marín, politico, escritor, primer gobernador de Puerto Rico) está como escondida en la planta baja. Aún estaba cerrada en la tempranera hora que llegué desde Punta Cana. Antes tuve que pasar un exigente filtro aduanero: días que iba a estar en el país, lugar de hospedaje, si contaba con fondos (debía tener pinta de pobre, de desharrapado, pues solo yo fui llamado a esta fila...), mostrar pasaje de salida, motivos del viaje...y ahí fue donde me explayé, hasta donde me dejaron, contando del patrimonio UNESCO del viejo San Juan por un lado y andar tras el rastro que dejó el gran Juan Ramón Jiménez (a saber si era conocido por la joven policía que me miraba muy fijamente y me escuchaba, creo, como quien oye llover...), me hicieron sacar todo el equipaje, me requisaron una manzana que me había dado Vicente, y listo para salir. Estando aún cerrada la oficina de turismo regresé a la primera planta y no habiendo sillas donde reposar fui a sentarme en lugares reservados a minusválidos, interpreté que también podían hacer uso de ellos personas en edad ascendente, cual yo, y allí me senté al lado de una señora bastante más ascendente que yo que comía galletitas saladas a las que, primero dos y después otras dos, me invitó. Por norma viajera, por gusto, hago aprecio a todo lo que me dan...al rato llega un orondísimo señor...¿mamá, qué haces, qué estás comiendo... ¿quién te ha dado eso?...¿Ha sido usted?...yo iba casi a cantar cuando vi de reojo la mirada de la señora que picaronamente me suplicaba "no se lo digas, no se lo digas"...no hubo tiempo a deshacer el entuerto pues llegó una chica con una silla de ruedas y no sin trabajos consiguieron sentar a la abuelita...cuando se iban, y sin ser visto por la anciana, le dije a otra chica que iba en el cortejo que ella me había dado las galletas...me dijo que su hijo, el orondo, le tiene prohibido todo eso...al rato vino el buen orondo, se disculpó, me dijo que eran cubanos y que no sabe cómo su madre consigue esas golosinas... y poco más estuve: un policía vino a decirme que aquel sitio no era para un servidor, señalando la silla de ruedas pintada en los asientos...
Ya estaba abierta la oficina. Servidor, único cliente en ese momento, fue atendido espléndidamente por una gentil dama que me dio mapa, folletos e información como para un mes...y la mala noticia de que el transporte interurbano de la isla no funciona, que puede decirse que no hay (lo comprobé), y la buena noticia de que estos días el transporte urbano, tren y bus, es gratis por motivos de reestructuración (así lo entendí, más tarde me dijeron que lleva así dos años en esas condiciones), tomé un autobús y después el tren tipo metro que me dejó un rato después en Río Piedras, no sin antes hablar con una señora que me nombró la palabra guagua, que ejerció de resorte interior (como en Canarias, como en Cuba, tambien aquí se nombra así al autobús) ...¿es usted canaria?... Soy puertorriqueña pero hace poco me enteré que mis abuelos eran canarios, le pregunté sus apellidos pero su Sánchez Sánchez no me permitió localizar. (Más tarde, en mi segundo hospedaje, mi anfitrión me dijo que su abuelo era de Zamora y que llegó a Puerto Rico, como otros, pasando antes por Cuba)...en fin, llevaba unas horas en Puerto Rico y el Tiempo había corrido más que el reloj, confirmando que no hay más o mayor viaje que el que llevamos por dentro...cuando un rato después llegué a mi hospedaje de Airbnb de Río Piedras, y tras la noche en blanco de Punta Cana, sí, ciertamente necesitaba una siesta...
Dejé expresados los dos motivos que aglutinaban mi venida al país: el Viejo San Juan y Juan Ramón. Lo que ignoraba era que cumpliéndolos, cumplidamente, no habría mucho más por esa ausencia de transporte comentada. Y ahí estuve la mayor parte del tiempo, entre San Juan y Juan Ramón, ciudad vieja y universidad de Río Piedras, con sus adláteres, que no fueron pocos, y con sus alicientes, no escasos...
El encanto, evidente, del viejo San Juan se viene algo abajo cuando un día y otro y otros queda invadido por miles de cruceristas...hasta cuatro naves he visto ancladas...gente por doquier, comercios a rebosar, ruido, bullicio...
...pero más que el callejeo en sí tenía preferencia la visita de las murallas y sus dos fortificaciones, la de San Cristóbal y, sobre todo, la del Morro, San Felipe del Morro...
¡Qué ingenio el de aquellos constructores en la defensa contra, sobre todo, aquella piratera pérfida Albión!. Recorriendo aquellos adarves, aquellas estancias, comprobando la firmeza del enclave, tratando de escuchar la historia a través de aquellos muros, tratando de imaginar la vida de esos tiempos y viendo el permanente trasiego de turistas, yo uno más, acabè pensando como en tantos lugares, si no en todos, que nos vienen de la antigüedad: que pareciera que todo se construyó para una vez pasado el tiempo acabar alimentando al voraz turismo. 
Esto fue español hasta el definitivo asentamiento estadounidense, año 1898. Los bastiones se mantienen bien conservados como lugares históricos de primer orden..."Una defensa de primer orden" como la definiría, sin verla, el rey Carlos lll, que le hubiera gustado verla desde su Madrid...
...las garitas acabaron siendo el logotipo de la ciudad...
Pero la primera vista de impacto en el conjunto fue esta, uniendo la fortaleza del Morro y el cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis, uno de los conjuntos más armoniosos en su entorno de cuántas necrópolis he visitado, parecería un trasunto del poético cimetière marin...
Entre los dos patios que se divide el camposanto pasé agradables ratos, pura contemplación, y otros un tanto urgido por información que me llegó casi al final de mi estancia...
Seguramente, confío, que muchos de estos finados que aquí reposan harían algún brindis que otro con una copa de Bacardi, el famoso ron que empezó en Cuba y acabó establecido aquí. 
Un barco cruza cada hora entre San Juan y Cataño, al otro lado de la bahía, y allá que fui. Muy interesante, muy documentado y muy bien comunicado lo que contó Romeo, el guía, sobre la historia de la bebida...yo, además, como observador y muy escuchador de acentos, palabras desconocidas, giros y demás riquezas del lenguaje (qué rodeo para no decir lingüista, pues no lo soy) disfruté mucho la sabia charla de Romeo, apreciando su lambdacismo, ese hacer l suave la r implosiva que se da en el español caribeño, que también recuerdo en Cuba. Con la venida arriba de Bad Bunny he pasado un par de buenos ratos con una parodia de José Mota y otra de Aragón TV en que tienen una cita a ciegas nada menos que el famoso puertorriqueño con la gran María Moliner...Ahí dejo el enlace. (https://youtu.be/FqyhLIZoFwo?si=nR9sUQ8YKQQbNsLz)
...lo mismo hacía con mis patronos de Airbnb o poniendo antena en las conversaciones de parroquianos en las guaguas (acueldate que en la viña del señol tiene que habel de todo, es veldad) o con el gentil conserje que me explicó con detalle la planta baja del gran edificio del Capitolio...la inmensa riqueza del alma de la lengua...por cierto, este hombre me señaló un pedestal y me dijo que se trataba de un mármol rojo Alicante.👌
Ciertamente, y así lo compartí, mi andada en Puerto Rico empezó en la Universidad de Río Piedras, muy cerca de mi hospedaje...
...allí fui casi todos los días, consiguiendo dar fácilmente con el lugar de esta foto...y una cosa tiró de otra y salieron tantas que no caben aquí, que merecen una página ex profeso para mis visitas al campus universitario, algunas derivándome al citado cementerio del viejo San Juan...
...el tiempo, el implacable, así ajó el mármol que tan consistente parecía, y con la piedra, tampoco perdonó, aún menos, el sublime poema de Amado Nervo que daba, tuvo que dar, empaque a la losa. Sesenta años hace del sepelio...
Bajo la corroída losa descansa quien fuera discípulo predilecto de Unamuno, un estudioso, un erudito, un hispanista total, alguien que tuvo un plus de valentía y se fue por su mano... A encontrar la tumba y sus previos avatares dediqué las últimas horas puertorriqueñas....De este hombre, de tantos otros, de Juan Ramón, por supuesto, de mis deambuleos por la universidad de Río Piedras, tratará una futura, espero no muy futura, página...
La eternidad es solo
lo que sigue, lo igual; y comunica
por armonía y luz con lo terreno.
(Juan Ramón Jiménez)