miércoles, 20 de marzo de 2024

...AYUTTHAYA: Exaltación de las RUINAS...

<<NADA ES TAN BELLO COMO LAS RUINAS DE UNA COSA BELLA>>
(Augusto Rodin)
...cuando aquel mi recordado viaje de cuatro anchos meses a Japón, 2016, en el tiempo que pasé en Kioto leí que había en la ciudad imperial tantos templos que uno podía pasar un año en ella visitando uno diferente cada día, y no se verían todos. No recuerdo cuántos visité, carece de importancia el dato... como remataba Machado en uno de sus sencillos y profundos versos:
...solo recuerdo la emoción de las cosas 
y se me olvida todo lo demás...
Solo recuerdo lo mucho que me gustó todo, digamos que no salía del estado de encantamiento, si se me permite, de mi pasmo permanente ante aquellos templos de los que apenas entendía historia y tradición, me veía admirado de poder transitar entre ellos, me fascinaba aquel conjunto de escalinatas, de puentes laqueados, de estanques y arroyos, aquellos jardines, zen por zen, tanto detalle exquisito por doquier, aquellas casitas de té (anda, hombre, date un gusto, dispéndiate, me decía la voz, tal vez la de la conciencia relajada...), aquella quietud, aquel otoño enseñoreando todo, aquel color magnificando el propio aire (...fue cuando entendí, claro, que los japoneses tuvieran, tienen, una palabra -MOMIJIGARI- cuya traducción sería pasear para contemplar las hojas del otoño...).
Bien, permitido me he esta divagación, este largo proemio, como introito para esta página...decía que AYUTTHAYA...
Ayutthaya queda 80 km al norte de Bangkok. Su interés actual está lejos de la importancia que en su tiempo tuvo: de aquella importante capital que fue se nutre la sombra que hoy es. Encrucijada de caminos, puerto, centro comercial...y capital del reino de Siam: con ello ya puede estar todo dicho; su esplendor estuvo entre los siglos XIV y XVIII. Si he traído a colación este recuerdo de Kioto es por el número de monasterios y santuarios, y palacios, que -Estos, Fabio, ¡ay dolor!...- llegó a tener en su apogeo.
Los belicosos vecinos del norte, los birmanos, la tomaron y devastaron, dejando reducidas a ruinas sus notabilísimas edificaciones, esas ruinas que hoy son el atractivo, y no pequeño, para el turismo que afluye. La UNESCO, en 1991, proclamó Patrimonio de la Humanidad el llamado Parque Histórico Arqueológico de Ayutthaya. No sin razón.
...En las ruinas el movimiento se interrumpe y el tiempo se suspende...las ruinas se vuelven obra de la Naturaleza, no del hombre...(Woodward)
Servidor ha contemplado más de una ruina en sus devaneos, diría mejor "flaneos", por este mundo, ruinas desde las más ostentosas, aquellas que parecen gritar su orgullo en el desmoronamiento, a las que, cuatro piedras labradas, no más, se asoman tímidamente entre la hierba: todas son un canto a la deconstrucción...no, no es cuestión de hacer un mínimo inventario, sí un leve y aleatorio recuerdo del recuerdos... Olimpia, Mérida, Pompeya, san Ignacio Mini, Tihahuanako, Pelayos de la Presa, Uxmal, Belchite, Butrint, Disibodenberg, Macchu Picchu... ruinas bien puestas, sólidas, y ruinas en proceso de arruinarse. La ruina no tiene prisa, sabe que el tiempo es su implacable, fidelísimo, aliado...y así, con este bagaje, con este ruinoso currículum, camino ya de mi propio colapso, (¿o será eclosión?), ruina esperanzada, llegué a Ayutthaya...
Somos la ruina de lo que quisimos ser, somos la ruina que seremos (Filper Randa)
Llama la atención, paseando entre ellas, la cantidad de budas destrozados, la mayoría decapitados: descabezarlos era la forma explícita de manifestar el triunfo, materializar la victoria, el dominio sobre el sitio conquistado...el devenir de la historia y su mudanza... conmueve ver este espectáculo que invita a imaginar cómo sería el lugar cuando todo estuviera puesto en su sitio...

Para compensar este decapitamiento universal, en un rincón del templo Wat Mahathat (Wat es templo) se encuentra este lugar, sagrado por sí y visitado por todo el que llega...los autobuses, de hecho, paran en la puerta del templo...
Tuvo que haber una estatua de Buda que se destruyó, y la Naturaleza, en su natural y lento apropiamento de todo, no se sabe qué sería del resto del cuerpo, pero las raíces del bodhi, justo el tipo de higuera bajo la que se dice que Buda encontró la iluminación, la envolvieron...y ese es el entrañable resultado, ahí está, ignoro desde cuándo...en este presente... qué será de ella dentro de 20, 50, 100 años...su expresión es apacible, serena, conmovedora en su quietud...como digo, es un lugar sagrado de Tailandia, y ciertamente de los rincones y encuadres más originales hallados en mi viajar...
Hablando de raíces protectoras o invasoras, acaparadoras, formas humanas de hablar, recuerdo lugares así, por doquier, no es preciso que sean ruinas venerables, pero sí me viene a la mente aquellas argentinas de san Ignacio Mini donde vi los mayores arrebatos...lo recordé viendo esta entrada al Wat Kudi Dao...
Son muchas las veces que he escrito que uno de los atractivos vinculados al oficio de viajar es la posibilidad, mayor cuanto más se viaja, de establecer relaciones, equivalencias, recuerdos entre lugares, vincular emplazamientos a miles de km o situaciones humanas que solo habitan en nuestro fondo, o trasfondo, interior, y que ahí estaban ajenas a nosotros mismos esperando el día de salir a la luz...desde que llegué a Ayutthaya me vino el recuerdo, apercibido por el color de los materiales (aquí ladrillo, allí piedra), color enardecido a la caída de la tarde, como allí, y como allí unido a la grandiosidad de los árboles circundantes, su tendencia a ir engullendo piedras, muros...hablo de las reducciones jesuíticas, las que visité, en Brasil (san Miguel de Misiones) y Argentina (san Ignacio Mini) entre las que recuerdo... a falta de mis propios archivos busqué en la red y allí estaban, incluso me permití un hermanamiento con este collage...
Quién lo observe de pasada podría pensar que estamos en el mismo sitio siendo que son tres lugares diferentes...
Me permito el recuerdo -al fin y al cabo este blog es mi diario abierto- de aquel día que llegué con Pandora 🚲 a São Miguel de Missões, estado brasileño de Río Grande do Sul. Me faltó tiempo para ir a visitar aquellas santas ruinas. Vi, que con la noche, había un espectáculo de luz y sonido y que esa noche era la última sesión, por fin de temporada...así que, volví al atardecer... qué decir del juego de luces iluminando aquí y allá trasfondando las voces de jesuitas, corregidores, marqués de Pombal, aborígenes...y qué decir si además digo que estaba yo solo en aquel descampado con hileras de sillas. "Aunque sea para uno solo, hay espectáculo" vino a decirme el encargado ...y me regaló un casete con la banda sonora...
...seguimos en Ayutthaya. Alquilé por un euro esa porción extra de libertad que supone una bicicleta, bici un tanto desvencijada, cierto, pero me hizo el apaño, y me fui a visitar más templos...¡Entonces fue cuando me di cuenta de lo grandioso del lugar!...no salía de mi asombro, salían ruinas de templos por doquier, templos, ruinas, que nadie visitaba...
...fugaz llama en las tumbas
y en las ruinas hiedra.
(G.A.Bécquer)
Soy ruinas de edificios que nunca fueron más que esas ruinas, que alguien se hartó, en mitad de la construcción, de pensar que las construía.(Fernando Pessoa)
No tengo que declarar lo evidente, lo tantas veces compartido: mi querencia por las ruinas. Por eso, al llegar a Ayutthaya me puse las botas... cuánto más a esa hora crepuscular, de turistas ya recogidos, en que las ruinas parecen abrirse cual nocturna de tiempo para susurrar su historia, sus siglos, sus vidas, como si se hubieran desperezado para ese sublime solitario momento del anochecer...

Si un monje de aquellos santuarios, o un habitante de aquellos siglos de esplendor, remaneciera y se encontrara con este campo de ruinas, se apropiaría sin dudar de los versos de Rodrigo Caro esbozados al principio, o reescribiría el soneto del clarividente Quevedo, ese que empieza con la famosa estrofa
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quién caduca ya su valentía.
...y concluye con
...y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Cerca de mi hospedaje se encontraba el templo de Thammikarat, ruinas aunque activo santuario viendo las ofrendas que llevaba la gente. Una vez más tendré que decir aquello de "nunca vi cosa igual": una inusitada colección de gallos de diferentes tamaños, todos coloreados y la mayoría con un escrito a sus pies, escrito que traducido hablaba de "dinero y lujuria'...el gallo y los apegos, en el budismo...
...justo allí, como sorteando tanta decadencia, como para recordarme que la vida es eso, un llegar, estar un rato, y pasar, justo allí, acercando su geografía, aún en construcción, a la mía, ya en oración y despedida, apareció esta chica; iba con su familia y me pidió le sacara unas fotos, y ya que se marchaban se volvió y se empeñó en fotografiarnos juntos...Foto de redención...
...este fue mi elogio a las ruinas de Ayutthaya y, por extensión, a todas...

domingo, 10 de marzo de 2024

... Cuestión de TEMPLO...


Trato de ponerme, sin conseguirlo, claro, en la piel, contemplativos ojos y palpitante corazón, todo curiosidad, de un tailandés, pongamos que maestro de escuela, tal vez profesor, jubilado, como yo, si pudiera darse el caso, que desembocara, tras el natural callejeo por las rúas que a ella llevan, en la compostelana plaza del Obradoiro, y levantara la vista ante lo que ante él se levanta...igual diría de otro hijo de este país en el que momentáneamente vivo (todo es siempre momentáneo) que llegara a la estación central de Colonia, saliera al exterior y se topara, deslumbrado, cara a cara, con la imponente catedral que se eleva en cuasi milagrosa verticalidad y equilibrio a orillas del gran Rin...podría seguir auscultando sus asombros ante la Sagrada Familia, la catedral de Burgos, la de Chartres o el duomo milanés...pero doy por hecho que el maestro de escuela tailandés, jubilado, estaría pasmado de asombro como lo puede estar, y está, un servidor ante la serena invasión a la que, agradecido, se ha visto sometido nada más llegar a Bangkok...y eso que mi previsto viaje por estos lares asiáticos apenas acaba de arrancar...
...Si en culturas y ambientes semejantes nadie ve lo mismo mirando lo mismo, qué decir de qué vera, qué sentirá, el tailandés citado...al menos trataría de hermanàrmelo en la pura, más pura, emoción contemplativa, esa que no da por incluido, o apenas, conocimiento de lo que contemplas. Sabe Dios, y qué Dios, si seremos hermanos en dicha emoción contemplativa, si veremos lo mismo, si cuánto de mismo sentiremos...
Caminando, abriendo nuevas estancias, como llamaba Borges a los países que conforman este mundo, traspaso la puerta que me asoma a TAILANDIA, pendiente su visita desde tiempos prepandémicos, y a la que llego ya con el toque de campana vital propio de la edad, con ánimo de igualmente entrarme a los países que conforman la península de Indochina...
Bangkok ha sido la puerta de entrada y, corriendo el tiempo, si hay salud y vida no falta, será la de salida dentro de algo más de un mes...
Templos de Bangkok, piedra de toque de tantos como espero visitar: templos y budismo conforman el grueso de este viaje, arquitectura y espiritualidad, espiritualidad y Naturaleza, y espectáculo humano...
La tarde noche del día que llegué a Bangkok, en el parque aledaño a la bulliciosa zona de Khaosan, donde mi alojamiento, me encontré una celebracion de varios días, auspuciada por el gobierno de la India, en torno a "siguiendo las huellas de Buda", según pude leer...
BUDA...suponía que su figura sería una constante en mi viaje pero no imaginaba cuánto...y ya no tengo palabras cuando completo esta página pasados unos días de aquellos primeros en Bangkok, que es hasta donde alcanza esta entrega...
...Recuerdo cuando leía sobre la vida del joven Shidartha Gautama, resguardado como estaba, a salvo, en su jaula de oro, hasta que un día salió de ella cual pajarillo curioso y se fue encontrando la realidad que desconocía: la enfermedad, la vejez, la muerte... que terminarían en su transformación en BUDA (despierto)...
 ...tres BUDAS destaco de esos primeros días en Bangkok...el BUDA DE JADEsito en un templo dentro del grandísimo y grandioso recinto del palacio real, un buda de pequeño tamaño, unos 45 cm, recubierto de ropaje de oro que le cambia tres veces por año, según las estaciones, el propio monarca (actualmente el rey Rama X)...
...el gran Buda, el llamado BUDA DE ORO, del templo (Wat Traimit) en el gran  barrio chino cerca de la estación del tren, una figura con una apasionante historia detrás según leo en la wikipedia...
...y el gran BUDA RECLINADO, el más grande de cuántos en esta posición hay en Tailandia: 46 metros de largo y 15 de alto, encajado ajustadamente en el templo (Wat Pho) que lo acoge.
...tal vez el maestro tailandés me explicaría el detalle de los dibujos de sus plantas, todos con su significado, y servidor lo escucharía embobado...
En la misma ciudad, otros reclinados llamaron mi atención...imágenes que siempre me aguardan para amargarme el momento, agridulzarme el día, a veces para contentarme con todo lo que tengo, para recordarme mi dicha, imágenes que gratuitamente pienso que están puestas para mí...
...decía que el compañero tailandés me podría explicar estos, para mí, jeroglíficos...no queda otra: voy tapando ignorancia con contemplación, no hay tiempo ya para mayores...Por haber atisbado, vagarosamente, entre sueños y vigilias, tanto como se puede llegar a saber, y me gustaría, opto a considerarme, sin orgullo, el más ignorante de los viajeros. Machado me pone la letra:
Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender
...ausencia de orgullo empleada en igual medida en admitirme como el mayor disfrutador entre ellos 🙏...
...dejo las palabras que no alcanzan a la comprensión y cedo el paso a las imágenes que abren esta espita de pura admiración...
Contemplo contento y con tiento tanto templo en que este viaje sustento, buen  alimento, y del que estos templos expuestos son ejemplo...
Esto no ha hecho sino empezar y ya rebosa...y quedan por delante los templos que salgan al paso, de los que no tenía idea, y los estudiados de Ayutthaya y, al fin, si llego, el de ANGKOR WAT, en Camboya, tantos años en mente, y del que tuve un anticipo en miniatura en la maqueta del mismo en un rincón del gran palacio de Bangkok...
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