Aquel curso 78/79, elegí el destino que quería en la zona que deseaba: la Alpujarra, comarca, y Pampaneira, pueblo. La Alpujarra era una de aquellas mis primeras ilusiones, ya no recuerdo qué ensoñaba a través de esa prometedora palabra, y ahí estaba el magisterio para vivirla mejor; y Pampaneira, entre los probables, era el pueblo perfecto.
También me acordaba, diría que más, de aquella noche, una de las varias de los días que pasé en Busteni, en aquel valle de los Cárpatos rumanos, acogido a la hospitalidad de Andy, noviembre 1991, un alto en mi camino de Damasco con Pandora. Nos invitó a su casa su amigo Mihai y este nos tenía preparado un picoteo que era todo un lujo en ese tiempo de escasez y de guardar cola para conseguir cualquier cosa, fuera pan, leche o tabaco...
...con un transporte incierto, no excesiva motivación y, sobre todo, poco tiempo, me conformé bien con no ir a su lugar de nacimiento y hoy tumba y mausoleo en Nine Miles. Foto de la red...
Ese curso tuvo una importancia relevante en mi vida: pasados los años lo tomé como un referente, uno de esos seis o siete "antes y después" en que dividí mi vida. Ello fue porque inauguraba el vivir en solitario, tenía la primera casa como maestro, estaba entre montañas, todo un mundo aguardando...y tenía de compañero a Rafa, alguien que influyó, sin pretenderlo, en, digamos, mi "formación"...
De todo esto me he acordado en esta venida a Jamaica, y ello debido a la música: el tremendo poder evocador de la música, estilo magdalena de Proust.
Allí en aquella casa de maestro lo coloqué en un rincón bajo la atenta mirada de un póster de Chaikovski. Hablo del casete, marca Sanyo, que había comprado un año antes en Ceuta, como era costumbre, y entre unas cintas que tenía y la radio donde grababa iba pasando el tiempo musical...Al Stewart y su año del gato, Rick Wakeman y su viaje al centro de la tierra, Bohemian Rapsody de Queen, también los primeros éxitos de Umberto Tozzi, Tanhäuser de Wagner, el Rabo de Nube de Silvio Rodríguez que tenía Rafa...pasaban por el reproductor...y acabó pasando KAYA, aquel disco de Bob Marley que hasta ese momento era para mí un perfecto desconocido. Lo conocí gracias a un chico de Granada, Eduardo se llamaba, que estaba noviando con una tal Paqui, del pueblo, y que un par de veces estuvieron en aquella mi casa de maestro...
No sé si aquella música me enganchó mucho pero ciertamente sí que algo. Ahora lo recuerdo entre muchos detalles cuando llego a Jamaica y visitar su casa/museo, ya sin pasión añadida, lo justo, era uno de los objetivos de dicha venida, más como concesión a un mito.
Nos recibió Mihai con su amiga Simona y alguien más que no recuerdo. Había un riquísimo vino dulce, cómo olvidar su nombre: Lacrima lui Ovidiu, lágrimas de Ovidio, años después lo he vuelto a tomar en mis idas a Rumanía, el buen Publio Ovidio Nasón que moriría de pena tan lejos de su Lazio en aquella Constanza (entonces Tomis) donde fue desterrado por el emperador Augusto, año 8 d.C....y entre las canciones del picú de Mihai sonó varias veces la famosa, la carismática, No woman, no cry...desde la penumbra en que estaba veía con qué gracia y amor, amor sobre todo, bailaban él y Simona...ya de madrugada Andy y yo salimos, bajo un frío glacial, camino de su casa...ibamos en plan de cantar el Asturias patria querida...🎶
La casa museo de Bob Marley tiene un precio disparado (realmente casi todo es algo caro en Jamaica para un turista de bolsillo medio), no hay tanto que ver (fotos, cuadros enmarcando discos de oro y platino, un estudio de grabación, dormitorio...) y no dejan sacar fotos; es visita guiada, en inglés, yo abarqué lo que pude...
Para completar mi visita volví a leer del movimiento RASTAFARI, sus raíces religiosas, su profunda vinculación con Etiopía, Haile Selassie, (el Negus), su linaje desde Salomón, el león de Judá...curioso e interesante...a saber...
Días agotadores en Kingston, la capital, gente, mucha, coches, ruido, calor, humedad...desafiando mi todavía mantenida condición de indesmayable. Leo en las guías que Kingston es una ciudad vibrante...vibrante es la palabra de moda, se aplica a todas las capitales. Con vibrante y espectacular se queda todo "bien definido"...
...Espectacular, pura hermosura, pleno silencio, tuve mi ración de paisaje en las Montañas Azules (igual nombre que aquellas de Australia), uno de los dos Patrimonios UNESCO de Jamaica. El otro es Port Royal, un lugar hoy pequeño, decadente pero que fue muy activo y pujante hasta que la desgracia se cebó en él un día de 1692...una arqueología urbana permanece bajo las aguas..
En Ocho Ríos (Ochi, como es conocido, Las Chorreras en tiempos españoles) gratísima la visita a las escalonadas cataratas del río Dunn que terminan en el propio mar. Recordé algo semejante en España, en Galicia, el río Xallas y su fin en la cascada de Ézaro. Las disfruté nada más abrir, unas horas antes que llegara la plaga: oleadas de cruceristas...
Termino en Montego Bay (popularmente se le conoce como Mobay) mis escasos pero no poco intensos días en Jamaica. No se me olvida, tampoco sé por qué fue así, solo que fue así: conocí Montego Bay por la película, ya tan lejana, todavía me gusta, GHOST. ...Sam (Patrick Swayze) acompañando a la vidente Ora Mae (Whoopi Goldberg, fantástica) trata de convencer a Molly (Demi Moore) de que es su alma, su fantasma, quien trata de protegerla... entre los argumentos que le grita desde la calle le dice que recuerde sus días juntos en Montego Bay...
Paseo la última tarde por el parque de la Armonía; a partir de las 5 ya no se puede acceder a la playa, ni siquiera pisar la arena. Hay poca gente y muchos cuidadores del parque elegantemente uniformados de pantalón negro e impoluta camisa amarilla. Paseo a la vista del mar, tan cerca, tan lejos: he leído que los jamaicanos solo puede acceder libremente a un 1% de las playas del país, estando el resto en manos privadas.
Si somos a partes iguales Tiempo, Espacio y Otra Cosa de difícil nombre, estos días míos en Jamaica, ocho, este viaje mío, han supuesto un nuevo caso de desarreglo entre el Tiempo y el Espacio: muy pocos días pero mucho Tiempo que del espacio jamaicano me ha llevado a Espacios de mi vida, o de Espacios donde mi vida no estuvo ni por asomo. La Otra Cosa se ha prestado a fundirlo, mágico crisol, como es su función y costumbre...Recordaba, yéndome ya, otra canción que se tarareó en aquellos años 70 en voces de La Pequeña Compañía, el Adiós, Jamaica: (https://youtu.be/piWIsvJubxA?si=FlX5U-VbYf06ubbv).
Varias fotos se disputaban el humilde honor de cerrar esta errática página, algo que unir a las Blessing (Bendiciones) con que me despidió una de mis anfitrionas de Airbnb.
Entre el albergue de la última noche, esa casa victoriana que se ve al fondo, y la iglesia de Saint James, siglo XVII, tiempo ya netamente inglés, se extiende un terreno, en parte aprovechado como aparcamiento, que no es sino el viejo y muy abandonado cementerio. Antes de cargar la mochila y marchar caminando para el aeropuerto, lo paseé mirando tumbas, epitafios y abandono, la indulgente burla del tiempo a lo que tan a perpetuidad se prometía. Y allí estaba el hombre, vivo sobre muerto, lo que será y lo que fue, lo que se es.
Bob Marley murió en1981, a los 36 años. Un melanoma muy agresivo. Redemption song, Canción de Redención, fue la última canción que grabó. Es mi favorita, por su ritmo, su pureza, su letra, su mensaje...compuesta en su recta final, a la vista del despegue. Leo que sus últimas palabras, a su hijo, fueron: El dinero no puede comprar la vida.
Viejos piratas, sí, me robaron,
me vendieron a los boques mercantes
minutos después de que me sacaran del pozo sin fondo.
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Porque todo lo que tengo
es una canción de redención.
Emancipaos de la esclavitud mental,
nadie más que nosotros mismos
puede liberar nuestras mentes.
No temas por la energía atómica
porque ninguno de ellos
puede detener el tiempo.

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