Ahora vivo a costa
de un millón de muertos,
un millón de tumbas,
un millón de espectros...
(Cecilia, cantautora)
...Para alguien como un servidor que apenas sigue la actualidad política, o lo hace poco menos que lo justo, que trata de no estar al tanto de tanto como nos dicen que acontece cada día sin realmente acontecer tanto, pero que al que los aconteceres se le cuelan por tantas rendijas -grupos de wasap, la radio puesta en un autobús, una noticia leída al paso por un kiosco, un rato de televisión en casa de un amigo, un comentario cogido al vuelo, el oportuno Google...- todo ello haciendo lo posible por asirte, por no dejarte vivir descomunicado, descolgado de lo que se llama la realidad, la actualidad y a lo que no hay forma de cerrarles el paso y que, sí, está bien, evitan que uno esté en una torre de marfil o protegido por un fanal, cada vez más necesario... para alguien así ya es suficiente lo que conoce, no es preciso indagar más, sobre todo reconociendo las propias limitaciones y tantas otras ocupaciones, y preocupaciones, que colman con suficiencia la mi vida. Lo pienso ahora y lo pensaba el otro día, en la soleada soledad del cementerio de Paracuellos de Jarama, donde al fin me llegué tras muchos años queriendo ir. Había cogido el autobús en Canillejas, allí donde concluye la calle más larga de Madrid, calle Alcalá, y un rato después me bajaba en la misma puerta del famoso camposanto...

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...Hasta aquí llegaba lo escrito y guardado en borrador hace ya casi un año. Los avatares de mi vida, su trasiego, lo arrinconaron esperando tiempos mejores que, como muchos borradores, se quedan en simple proyecto de una página que no llegará a ser. Este corrió mejor suerte merced a pasar el par de semanas de Navidad en Catadau, comarca de la Ribera Alta del Júcar, Valencia, en la casa que gentilmente me dejó mi amiga Trini. A ello y al libro que ella estaba leyendo en ese momento y que por ser excesivamente pesado dejó aquí a medio leer cuando se fue para Madrid. Yo ya estaba al tanto del mismo, un verdadero bum editorial: lo vi en escaparates de librerías, me habló de él mi amiga Pilar desde la Gran Canaria, google me envió reseñas...en fin, no me importó hacerle un hueco entre los Galdós, Marías y otros que conformaban mi biblioteca de sedentaria y solitaria Navidad en casa de mi amiga...y este libro fue el que me despabiló el olvidado borrador que ahora trata de ser esta página...
El libro es un exhaustivo compendio de realismo mágico y realismo trágico. Cuenta en esa clave, de una manera harto original, los años de nuestra guerra civil a través del descendiente, el autor, de una familia del pueblo llamado Jándula, trasunto de Quesada, en Jaén. Realismo mágico que sorprende a cada paso con hechos inusitados, al estilo del mejor Alfanhuí o tierras de Macondo, y la tragedia de la contienda, la galería de horrores, el desatado muestrario de salvajadas en el más puro y despiadado, ibérico, homo lupus homini... Las fotos de libro que van intercaladas en esta página son del mismo...

Pero vuelvo a la intención primera y única de esta página de la que este libro ha sido empuje, y ella era, es, el mostrar imágenes, muy por encima de palabras, de demasiadas palabras, que enreden y enmarañen ideas, imágenes conseguidas en mis paseos y viajes, imágenes algunas de muy lejos y que creo pueden interesar a quien por aquí se asome...Por ejemplo, estas del cementerio de guerra de Pankovka, a las afueras de Novgorod, ciudad a la que me trasladé desde San Petersburgo para visitar sus lugares patrimonio UNESCO y una vez allí y tras no pocas y laboriosas gestiones (entonces iba sin teléfono, solo con tablet y esporádicas conexiones) conseguí llegar hasta él...

Es un cementerio conjunto germano/español donde reposan miles de combatientes españoles integrantes de aquella famosa DIVISIÓN AZUL, la tropa enviada por Franco para apoyar a los alemanes en su lucha contra Rusia para debilitar el Frente Este en aquella segunda guerra mundial. Ahora, ocho años después de mi visita, recuerdo con agrado aquel solitario paseo en la apacible tarde de junio, medio cálida, entre el silencio de aquellos árboles y las mudas losas que tanto decían...imaginar la historia...


El cementerio, ocupado mayormente por el contingente alemán, guarda este rincón una docena de lápidas con nombres de aquellos que fueron, no sabemos sus motivaciones personales, si fueron de grado o forzados, no es difícil imaginar las condiciones de la contienda en aquellas latitudes...Historia, tantas historias de esa historia, tanta historia para hacer memoria, tantas historias desconocidas que solo se podrán imaginar...

No hace mucho caminé la primera etapa del Camino de Santiago que partiendo del centro de Madrid, iglesia de Santiago, cerca de Ópera, concluye, allí la acabé, en Tres Cantos. El trazado es inevitablemente urbano justo hasta el cementerio de Fuencarral: tras sus tapias el camino al fin se adentra en despejadas dehesas con vistas del Madrid que queda atrás y la sierra de Guadarrama por delante. Como es natural me llegué al camposanto, por gusto y descanso, y para visitar la tumba de Antonio Molina, esa voz como hubo pocas en las décadas posteriores a la posguerra. Pero...allí me encontré estas imágenes...

...Un cumplido muestrario recordatorio de las Brigadas Internacionales que vinieron a apoyar el bando republicano. Destaca el monumento levantado por Rusia a sus soldados y poco más allá el muro donde se alinean las placas que han ido colocando algunos de los muchos países de procedencia. A mí, con mis magros conocimientos sobre esta historia, de un lado para otro según la fuente que leo y/o escucho, me llamó la atención esta odisea de dichas brigadas...Y lo es desde que en 2007 estuve en Nueva Zelanda y visité el memorial de guerra en Aucklad. Me parecía increíble, me lo sigue pareciendo, venir a luchar literalmente desde el otro lado del mundo...ciertamente nuestra contienda tuvo que tener, tuvo, una fuerte resonancia a nivel mundial...


A dos pasos y a la vista del muy estético y expresivo monumento que colocó Rusia se encuentra este cenotafio, escueto, integrador, que remite a los que lucharon en otro bando en otras latitudes...
Azules y rojos, nacionales y republicanos, sublevados y leales...no es preciso que proclame mi neutralidad, que no es sino la comprensión, la certeza, de que ambos bandos actuaron según sus caudillos, sus ideas, en un tiempo de los más tristes, convulsos y trágicos de nuestra historia. Los hunos y los hotros, como dice el autor del libro citado. La barbarie de la retirada de los republicanos y la barbarie de la llegada de los nacionales. Por no tener más conocimiento que el básico, hablo de mí, mezcla de un poco de estudio, de lectura, de medios de comunicación, y sobre todo de lo que siempre he escuchado a unos y a otros amigos (muchos, los tengo de todos los colores y de todos aprendo, siempre bastante firmes en sus ideas, y raramente conciliadores, valga el botón de la historia de la desbandá que refiero más abajo) he conseguido una opinión inevitablemente ecléctica, neutra, imparcial, conciliadora, no puedo tener más opinión ni creo que necesite más, dado los tiempos que corren y los que me corren...


Me llama la atención, como digo, en el tema de la famosa desbandada, popularmente la Desbandá, y uno de sus destacados protagonistas, Norman Bethune, médico canadiense. Pude asistir hace tiempo a debates escritos (grupo de wasap) y me asombra que sobre el mismo hecho se pueda divergir tanto...Me lo dice uno, me lo creo, me lo dice otro, lo mismo, ambos tienen razón...
Ya llevan años en mis archivos estas fotos de mi tan visitado y siempre novedoso cementerio madrileño de la Almudena. Hace tiempo que se desmanteló el monumento a los soldados alemanes enviados por Hitler a nuestra contienda, la LEGIÓN CÓNDOR, un equivalente, digamos, de aquella DIVISIÓN AZUL... Así era y así está ahora...
En el mismo cementerio junto a la entrada de la calle O´Donnell, en el interior de la tapia, el recuerdo a las llamadas 13 rosas, también sujeto a interpretación...


...Volviendo a mi visita al cementerio de Paracuellos, las tapias de este cementerio están ligadas a uno de los hechos más sangrientos de nuestra contienda. Tristemente famoso el lugar por las famosas "sacas", contingentes de presos de las cárceles madrileñas que fueron llevados allí y ejecutados sin más entre noviembre y diciembre de 1936, cuando los republicanos veían que su Madrid ya tenía los días contados, cuando los nacionales estaban próximos a hacerse con la capital...todo obedecía a un horror que puede explicarse, que no justificarse, por la aterradoras condiciones en que se encontraba la capital sitiada y a punto de ser tomada por el ejército sublevado. Todo ese horror perpetrado por el bando republicano en su huida, tuvo su correspondiente justa réplica cuando el bando nacional se fue haciendo con el poder y tiempos posteriores. El libro de David Uclés da buena cuenta de ello. Unos más que tristísimos pasajes en los que él habla de los hunos y los hotros, desmanes sin cuento por ambos bandos...


Aquella soleada mañana de invierno paseé por los distintos "patios", fosas numeradas, todas con cruces y casi todas con nombres. Subí arriba, donde la cruz blanca. Madrid se veía al fondo, se podía oír el rumor de los aviones en el cercano aeropuerto. La soledad del lugar, el benéfico sol de enero, la diáfana luz que todo lo dimensionaba hacía que desde que entré en él hiciera que me sintiera bajo el efecto de un profundo sentimiento, parecía escuchar los gritos del silencio, el horror de lo que tuvo que ser aquello, como lo que tuvo que ser en tantos lugares. Paseé a placer, sacando fotos de algunas tumbas, buscando en el teléfono algunos nombres, al azar, nombres que me derivaban a otros como suele ocurrir cuando te metes a investigar, un nombre tirando de otro...

De tanto como captó mi atención en las horas que pasé rescato dos nombres, aleatoriamente: Mochín Triana y Nicéforo Salvador del Río, futbolista aquel (fue máximo goleador en el Atlético de Madrid y formaba parte del Real Madrid cuando este ganó su primera liga, en 1932) y religioso este (de la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios, en 1936 ejercía de enfermero en el hospital san Rafael de Madrid en las salas infantiles. Hoy elevado a beato)...
...El final, el último reglón del libro citado, es demoledor: Caballero, vamos a dar un paseo...Lo mío, esta página, ha sido un recorrido sentido y sentimental, un paseo por lugares donde fueron compatriotas nuestros, donde pasó nuestra historia, nuestra vida que sigue. De mis paseos por tanta España, tengo una arsenal de fotos sacadas a placas conmemorativas de este nefasto episodio de nuestra historia, cada una con su matiz, la mayoría apelando a la concordia.
En mi día a día trato de no saber nada de las guerras, ni de Gaza ni Ucrania ni de tantas silenciadas que uno ni se imagina. Sabiendo de ellas, en el machaque de cada día, ¿Qué añadiría yo a su solución?...En mis paseos por esta profunda España donde no dejo pueblo por pequeño que sea que no entre y en el que acabo encontrando el ignorado motivo por el que entré y me detuve, lo mismo hallo el recuerdo de un maestro que ya nadie recuerda o de un párroco ya olvidado, que un par de yugos y flechas, que un presentes más olvidado que perdonado, y reinventados y muy justos recuerdos a tantos muertos en ese conflicto al que vamos camino de cumplir un siglo y que se mire como se mire la herida está abierta...Somos los mismos, con otras ropas, otro estilo de vida, otros adelantos...Aquella nuestra guerra sigue en España, vestida de otra manera, callada, expectante...Pues bien, de tanto recuerdo me quedo con este ejemplificador, bien acordado y redactado, justo y equilibrado, no he encontrado otro mejor. Se halla en un rincón a la espalda de la iglesia del pueblo de Ariño, Teruel...Dignísimo broche de esta página.

En el nombre de España, paz
(Bas de Otero)
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