...aquella tarde luminosa y cálida de junio, tras la cumplidísima visita a las ruinas de lo que fuera Troya, culminación del viaje literario en torno a la epopeya que narra Homero, aquella tarde, decía, sentado en la platea frente a los bustos de los mitos que dan vida a dicha épica, apurando la cerveza Efes, el mismo señor del establecimiento donde la compré me dijo que aquella elevación que sobresalía en el horizonte era la isla de Samotracia...en el canto Xlll de lLIADA se cuenta cómo Poseidón contemplaba la batalla desde la cumbre más alta de la selvosa Samotracia, y cómo, indignado al ver el favoritismo con que Zeus ayudaba a los troyanos, bajó de ella para animar y ayudar a los aqueos...cosa de dioses, tan humanos...
...Poseidón tendría su butaca en el pico Fegari, 1611 msnm, cumbre mayor de la montaña Saos. Subir a esta muy rocosa cumbre era uno de mis objetivos. La poca claridad de una senda, la nula señalización y el anunciado cambio de tiempo me ayudaron a desistir y ver las cumbres como las muestro, en su cara oeste...
...donde el Mediterráneo se llama Egeo y se arrincona entre Grecia y Turquía, al noreste de dicho mar, allí emerge la isla de SAMOTRACIA, nombre que para la mayoría, más que evocar isla, trae a la mente una de las figuras más conocidas, legendarias, mitológicas, a colocar junto al Discóbolo o la Venus de Milo, esa estatua, esa figura humana, mejor deidad, sin cabeza, pero con unas alas que le dan la arrebatadora personalidad que la caracteriza: la famosa Niké, Victoria, Victoria Alada, en propiedad Victoria Alada de Samotracia... Se encuentra hoy en el Louvre parisino, como tanta obra clásica que da excelso lustre a potentes museos europeos, pero su hallazgo fue en esta isla que ahora, tantos años en mi lista de espera, visito, mucho más tras columbrarla desde Troya, como he contado....,.casi todas las islas, a lo lejos, son la misma isla: una piedra abultada en su centro, un peñón en medio del mar... así se me apareció llegando desde Alexandropouli. Tras pasar unos días de vino y rosas, de calma y agasajos, de cumpleaños y pequeños grandes lujos en Ierissos, en compañía de una de tantas familias que el camino me ha ido regalando y a la cotidiana, arrebatadora, vista del monte Athos, seguí camino, había que seguir, venciendo la tentación del cariño y la molicie...y así llegué a Alexandropouli, lugar de embarque. Vi la playa, ay, donde me fotografié con Pandora 🚲 aquel septiembre de 1989, y el lugar donde comprobé que había botellas de cerveza de medio litro, novedad para mí entonces... Compré un mapa y ya solo restaba embarcar, arribar a la isla y echar a andar contando con que este físico que me lleva me siguiera soportando a la altura que me tiene acostumbrado...Paseos varios por la isla, incursionando entre cascadas, bosques, desfiladeros, ermitas, cumbres, aguas termales, ruinas, etnografías varias, soledades profundas...y los acostumbrados ouzos, cafecitos y retsinas, comunes con toda Grecia...y otra luna llena: esos eran mis pensamientos, mis previsiones..
Con 178 km2, bastante más pequeña que El Hierro, abrupta como esta, y una población en torno a 2600 personas, aún no desnaturalizada por el turismo, instalada ya en plena temporada baja, parecía que ni puesta de encargo para mi pausado disfrute...
Por si tenía dudas de donde llegaba ahí estaba ella, esquematizada, junto al puerto...Mi hotel, de los pocos que quedan abiertos, algo caros, distaba casi 5 km del puerto de Kamariotitsa; no veo autobús urbano ni taxi a la vista así que animado por la bonanza de la tarde que iba cayendo echo a andar, como suelo hacer en todas las islas: es mi forma de decir un agradecido llegué, aquí estoy...hasta el monte Athos parecía saludarme en su lontananza...
Apenas un par de kilómetros de mi hospedaje se encontraba el Santuario de los Grandes Dioses, el lugar arqueológico por excelencia de la isla y uno de los soberbios, y hay tantos, de toda Grecia...por ahí había que empezar...
8'30, recién abierto el recinto, ni un alma, las ruinas recién salidas de las sombras, dispuestas para ser contempladas, sentidas, como debe ser: en soledad y silencio, intentando captar algún suspiro que escape entre tanta piedra tallada, dando opción al si las piedras hablaran...
...De cómo fue este lugar, cómo sería, cómo devino...y cómo sería y dónde puede estar la cabeza de esta Niké, todo un misterio, como lo eran aquellos misterios que se celebraban, al estilo y fama de los eleusinos, al alcance de los pocos iniciados...todo misterio y todo a la vista...
...no un misterio, sí un milagro, un asombro, un regalo inesperado contemplar un otoño entre plátanos, así se llaman también en griego, plátanos de Indias, inseparables de muchas plazas de pueblos, plátanos ejemplares todos singulares, entre aguas corriendo...de todo lo que había leído sobre la isla nada decía de este bosque de gigantescos árboles con formas sacadas de ensueños: un inusitado otoño, un otoño como pocos viví...
El barranco que parte de la torre genovesa en la misma playa, se va haciendo garganta, y la garganta el desfiladero de Foniàs. No podía creer estar en mis islas griegas y con tal cantidad de agua...
La primera cascada, la segunda, la tercera...pozas, charcos, badinas...más árboles gigantescos, agua y, siempre, soledad...
...Y llegó la hora de sacar el saco de dormir que dormitando había pasado por China y llevaba más de un mes en el fondo de la mochila, aguardando su momento griego. La vez anterior que lo extendí fue en la espórada isla de Skopelos, en aquella exitosa ermita del mamma mía...(Por cierto, no pude acabar de ver el pastel de película...)
...el mapa me sugirió, no sin andar un buen trecho, la solitaria ermita de Agia Paraskevi (literalmente, santa Viernes, santa contemplada en el santoral católico como Parasceva de Roma, muy venerada entre los ortodoxos...), a ella me encomendé cuando, en llegando, ya casi noche y desabrigada, giré la manivela...¡estaba abierta!..
Estas noches dan un sentido supra a mi caminar, aún puedo afrontar su dureza, suavizada por los regalos de soledad y aventura que conlleva, una curiosa fusión de ascética y mística...
...a una hora de la noche entró un hombre, lo entreví tapado por el embozo del saco: encendió varias velas, una lamparilla, un cono de incienso, puso unas monedas en el cepillo, rezó y se marchó. Miré la hora: media noche, salí a mirar el desarrollo de la luna, di gracias y me volví a acurrucar dispuesto a retomar el sueño.
...una tras otra se van solapando mis dormidas en ermitas y todas tienen ese punto solitario, beatífico...esta, como otras que ya casi no recuerdo, con el arrullo permanente del mar, y la luna. Al día siguiente, ermita de Agios Nikolaos, cerrada pero con generoso porche...
...que me permitió estar más al sabor de la luna llena...recordaba la anterior luna en China, en la provincia de Guizhou...y siempre me viene el recuerdo de Paul Bowles: ...y cuántas veces más veré la luna llena...Ando mucho más ocupado en agradecer tantas lunas en tantos lugares que preocupado por si veré, y dónde, la próxima...
Un punto extraordinario de mi viaje a Samotracia estuvo marcado por sus aguas termales. Había leído noticias contradictorias acerca de su uso...in situ lo comprobé: estaban y no estaban...en el pueblo de Therma, nombre evidente...
...ciertamente el lugar como tal luce un abandono vergonzoso (un abandono, institucional, diría yo, extensible a buena parte de la isla...) pero el agua, la madre agua, parece no darse cuenta del desprecio que le hacen y sigue manando, insolente, diría, en su generosidad. Barzani, un kurdo iraquí, ciudadano holandés, con el que me encontré dos veces, me dijo que el lugar se abandonó hace ya años pero que la gente suele seguir viniendo pese lo poco atractivo del sitio.
...por dos veces, y solo, las disfruté, a 40 grados, sulfurosas...la humedad y el abandono han creado su arte en los muros: una especie de pinturas negras en las que no es difícil reconocer algunas caras de Bélmez (Jaén).
...Un nuevo paseo por Chora, el pueblo, y un largo paseo hasta la airosa ermita de Krimniotissa, fue mi despedida; el tiempo mostró su cara invernal y me ayudó a partir...
Ya embarcando me tocan en la mochila, me giro y muy grata sorpresa: es kirios Andreas, el viejo (cuando habló así quiero decir que más viejo que yo, que ya es decir...) con el que pegué la hebra el pasado domingo, recién inaugurado noviembre, a la puerta del castillo de Chora...ese día nos entendimos con un melangé de griego, español (hola, amigo), alemán e italiano...de hecho al decirme adiós, se arrancó con un ciao ciao bambinaaaa...












Muy ilustrativo Antonio. Lo comparto y gracias.
ResponderEliminar...ahí tienes otro probable destino, tú que has visitado otras islas. He dicho a algún amigo que es una isla con "poco" que ver PERO...
Eliminar¡Oh, Toño! Qué maravilla de otoño y de crónica. De tu mano hemos visto Samotracia: ermitas, naturaleza, madroños, castañas... "cosas de dioses"; también pesares humanos por el abandono de filme pastelero. Hay vermú.
ResponderEliminar...es una suerte y un privilegio tener un amigo como yo que te cuente todo esto y lo mismo digo respecto a tener yo amigos a quien contarlo...el vermú sigue esperando, macerándose...lo que no entiendo es lo del pesar humano y la película pastelera...
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarSe nota mucho que regularmente te atan las islas giregas. Cuentas de ellas con cariño, de sus hermosuras, sus mitologías, sus ermitas, sus montes y de su gente. No pierdo citar otra vez a Goethe (Ifigenia en Táuride): "Y en la orilla paso largos días, buscando con el alma la tierra de los griegos".
ResponderEliminar... sí, es más que evidente. Fue algo que empezó como curiosidad viajera y devino pasión personal, sin pretenderlo, como un destino. Ya tengo el plan de las próximas islas para el año que viene... si llego....
ResponderEliminarAmigo don Antonio...es una suerte y un privilegio tener un amigo como tu que te cuenta todo esto y lo mismo digo respecto a tener yo amigos a quien contarlo... pues yo cuando estoy de vinos con los amigos siempre les digo: ya vino mi amigo el maestro de tal sitio, y ya esta en cual sitio, les entra una envidia que no la pueden disimular... y yo más ancho que pancho fardando de una amistad especifica, que representa el uno por 10.000.000 (seguro que me quedo muy corto). El vermú sigue esperando, macerándose... (espero que no se note mucho el copia y pega) SALUD Y UN ABRAZO DESDE PONFERRADA - EL BIERZO - LEON - ESPAÑA
ResponderEliminar...a saber, amigo César, cómo se figurarán tus amigos que soy yo Mejor no lleguen a conocerme🤣. No debes perturbar su paz, si tranquila cotidianidad...de ello hablaremos con la soltura de lengua que suele facilitar el vermú...un abrazo
Eliminarreconozco lo que dices de que las ruinas despiertan cada mañana de entre las sombras, dispuestas para ser escuchadas, porque si algo he aprendido del patrimonio que se restaura es que, verdaderamente las ruinas... (las piedras...) hablan...
ResponderEliminar...las ruinas...me cuesta trabajo comprender a quien me dice que no le gustan las ruinas y lo peor: que no le dicen nada...trato de entenderlo y aceptarlo...hay ruinas y concepto y gusto para todos...
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